TE LO CONTAMOS

Los teclados sin distracciones prometen ayudarte a escribir mejor: esto piensan quienes ya los probaron

Existe una industria de teclados diseñados solo para escribir, sin internet ni redes sociales. Quienes los han probado coinciden en algo: eliminar las distracciones del dispositivo no elimina las ganas de distraerse.

Dispositivo Freewriter getfreewrite.com

Cada año se publican en el mundo cientos de miles de libros —solo en España, la cifra llegó a 91.172 títulos en 2025, según los registros del ISBN—. En Estados Unidos, sumando autopublicaciones, la cifra anual se estima en millones. El dato confirma algo evidente: hoy se escribe más que nunca.

Freewrite | Freewrite

El regreso del folio en blanco

La máquina de escribir tradicional casi desapareció, reemplazada por el computador, que terminó volviendo la experiencia de escribir mucho más personal según el tipo de teclado o programa que cada quien prefiera. Junto a gigantes como Microsoft Word surgieron aplicaciones pensadas específicamente para escritores —Scrivener, Ulysses, iAWriter, entre otras— que además de ayudar con la estructura narrativa incorporan un "modo sin distracciones": una pantalla completamente vacía, sin menús ni barras de herramientas, solo un cursor esperando.

Dispositivos hechos para una sola cosa

Ese concepto también se trasladó al hardware. Existen teclados físicos diseñados exclusivamente para escribir, sin navegador, sin redes sociales y con conexión a internet limitada a sincronizar archivos en la nube. La marca más reconocida en este rubro es Freewrite, de la empresa Astrohaus, aunque también destaca Pomera, del fabricante japonés King Jim.

Estos dispositivos suelen compartir características similares: batería interna, almacenamiento reducido pero suficiente para varios manuscritos, y pantalla —generalmente de tinta electrónica, aunque también hay versiones LCD— que favorece sesiones largas de escritura sin agotar la batería.

El problema es el precio: se trata de productos caros para lo específico de su función. El Freewrite Traveler cuesta cerca de 600 euros, mientras que modelos más completos, como el Freewrite Hemingway, superan los 1200 dólares.

La conclusión: ningún dispositivo es perfecto

Los tres usuarios coinciden en un punto central: ninguno de estos teclados es una solución mágica. Cada uno destaca en algún aspecto y falla en otros. Al final, lo que realmente importa no es el dispositivo, sino sentarse a escribir; todo lo demás, dicen, son solo excusas.