MÁS PELIGROSO DE LO QUE PENSAMOS

Qué es el doxing y por qué no deberías publicar toda tu vida en redes sociales

Esta la práctica que puede poner en riesgo tus datos por lo que publicas en redes sociales.

Hacker con ordenador Max Duzij para Unsplash

Compartir fotografías de tus vacaciones, enseñar dónde trabajas o publicar una imagen desde un restaurante puede parecer algo inofensivo. Sin embargo, toda esa información puede convertirse en una pista para alguien que quiera saber más sobre ti. Una de las prácticas que aprovechan los ciberdelincuentes para conseguirlo es el llamado doxing.

El término hace referencia a la recopilación y publicación de información personal de una persona sin su consentimiento. Los datos pueden proceder de redes sociales, páginas web, foros, bases de datos filtradas u otras fuentes disponibles en internet. Así, un atacante puede llegar a obtener información como el teléfono, la dirección, el lugar de trabajo o incluso datos relacionados con la situación económica de una víctima.

El problema es que un dato aparentemente irrelevante puede adquirir importancia cuando se combina con otros. Una fotografía puede revelar la ubicación de una vivienda, una publicación indicar los horarios habituales de una persona o un perfil profesional aportar información sobre dónde trabaja. De esta manera, los ciberdelincuentes pueden construir un perfil mucho más completo de su objetivo.

¿Para qué se utiliza el doxing?

En algunos casos se utiliza para acosar, intimidar o avergonzar a la víctima; en otros, puede formar parte de intentos de extorsión, suplantación de identidad o fraude.

El doxing no siempre tiene que estar relacionado con un ciberdelincuente desconocido. También puede ser realizado por alguien del entorno de la víctima que tenga acceso a determinada información y decida hacerla pública.

Para reducir el riesgo, una de las medidas más importantes consiste en revisar qué información personal tenemos publicada y quién puede verla. También conviene evitar compartir públicamente datos como la dirección, el teléfono, documentos identificativos o información que permita conocer nuestras rutinas.

Además, es recomendable utilizar contraseñas diferentes, activar la autenticación en dos pasos y mantener actualizados los dispositivos y aplicaciones. Antes de publicar una fotografía, también puede ser útil comprobar si aparecen elementos que revelen nuestra ubicación, domicilio o lugar de trabajo.