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Las cosas que más molestan a los pasajeros durante un vuelo, según un estudio

Reclinar el asiento sin avisar, los malos olores o la lucha por el reposabrazos son algunas de las situaciones que más incomodan a los pasajeros durante un vuelo. Un estudio revela cuáles son los comportamientos que más irritan a los viajeros españoles y cómo varían las normas de convivencia a bordo según la edad, el género o la nacionalidad.

Viajar en avión es una de las experiencias más fascinantes de la vida moderna, pero también el escenario donde los nervios se ponen a prueba. En un entorno donde el espacio personal es reducido, pequeños gestos marcan la diferencia entre un agradable trayecto y un auténtico desafío a la paciencia. eDreams, la mayor agencia de viajes online de Europa, ha analizado las situaciones que más condicionan el bienestar de los viajeros de todo el mundo.

Reclinar el asiento: el gesto que más conflictos genera a bordo

En España, está claro qué es lo que más molesta durante el vuelo: que el pasajero de delante recline el asiento de forma brusca o repentina. Este gesto irrita al 53 % de los encuestados, situándose como el principal motivo de malestar durante el trayecto. Le sigue la frustración que genera el tiempo excesivo en acomodar las pertenencias (32 %), una queja que se acentúa con la edad hasta llegar al 39 % en el caso de los mayores de 65 años. Otra de las situaciones que incomoda es que el resto de los pasajeros se levante de su asiento antes de que el avión se detenga (25 %) o que alguien se acerque a pedir un cambio de asiento (12 %).

Asientos en la cabina del avión | Pixabay

Los británicos son los viajeros más sensibles con los movimientos del asiento delantero, dado que un 60 % considera que es el hecho más irritante. Por otro lado, los franceses son los que más sufren con el "momento maleta", de manera que el 42 % se desespera ante la lentitud ajena. Por último, aunque solo irrita al 13 % de la media global, los aplausos al aterrizar encuentran a sus mayores detractores en Reino Unido (18 %) y en Italia (17 %).

¿Quién ayuda más con el equipaje de mano?

A la hora de subir una maleta pesada al compartimento superior, los españoles somos solidarios, pero con matices. El 43 % reconoce que su disposición a echar una mano depende totalmente de la persona que tengan delante o de si ven que realmente lo necesita, mientras que un 35 % asegura que ayudaría incondicionalmente.

En el resto del mundo, los viajeros de Italia y Alemania empatan como los más generosos, con un 40 % de dispuestos a ayudar siempre, con los británicos en el extremo opuesto: solo un 22 % ayudarían incondicionalmente, y el 14 % espera que sea la tripulación de cabina quien resuelva la situación. A nivel global, un 38 % de los hombres se muestran más predispuestos a colaborar siempre, frente a un 29 % de las mujeres.

La lucha por el reposabrazos

El asiento intermedio requiere dotes de negociación, y en España la mayoría apuesta por la convivencia: el 56 % de los viajeros españoles opta por compartir ambos reposabrazos con sus vecinos de fila. Esta tendencia es especialmente alta entre los mayores de 55 años (62 %).

Esta disposición a compartir es común en el sur de Europa, con los italianos (63 %) y los portugueses (61 %) a la cabeza. Sin embargo, el concepto de espacio personal cambia al cruzar el charco: solo el 30 % de los estadounidenses está dispuesto a ceder espacio de su reposabrazos. Además, un 17 % de los viajeros globales prefiere la política de "el primero que llega, se lo queda", una actitud más competitiva que sube al 23 % entre los jóvenes de 18 a 24 años.

Chica joven durmiendo en el avión | iStock

Los malos olores en cabina

Para los viajeros españoles, el olfato es el sentido más sensible a bordo: el 78 % identifica a un pasajero con mal olor corporal como la peor experiencia sensorial posible durante un vuelo.

Este aspecto también preocupa a nivel global, alcanzando el 79 % en Portugal. Otras molestias típicas como los olores del baño (11 %) o un perfume demasiado fuerte (8 %) quedan completamente en un segundo plano frente a la higiene personal. En términos de género, las mujeres (74 %) se muestran algo más sensibles a los malos olores personales que los hombres (69 %).

El deseo de conversación

Finalmente, ante un compañero de asiento con ganas de conversación, los españoles solemos ser más reservados que otras nacionalidades: un 36 % confiesa que utiliza respuestas cortas para que la conversación termine rápido. Los jóvenes de 18 a 24 años son los más animados a entablar conversación, pensando que puede terminar en una buena historia (46 %).

A nivel internacional, los italianos y portugueses (47 %) son los más entusiastas ante la posibilidad de socializar. Por su parte, los viajeros más jóvenes (18-24 años) son quienes más recurren a tácticas de evasión, como fingir que están dormidos, una opción elegida por el 19 % para proteger su burbuja personal.

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