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El santuario de Nueva Zelanda que ofrece alojamiento gratis por cuidar caballos, ponis y burros

Kind Farm, en el valle de Cardrona, busca voluntarios internacionales para estancias de una semana. Pero tiene truco.

Circula estos días por medios latinoamericanos una historia con un titular irresistible: "una isla busca voluntarios" para cuidar caballos a cambio de alojamiento gratis en Nueva Zelanda. Antes de que empieces a mirar vuelos baratos de larga distancia, conviene poner las cosas en su sitio, porque ni es una isla la que busca voluntarios ni el plan es tan sencillo como lo pintan.

Lo que existe de verdad es Kind Farm, un santuario privado de animales de granja rescatados situado en el número 1653 de Cardrona Valley Road, en pleno valle de Cardrona, región de Otago, Isla Sur de Nueva Zelanda. Y sí: ofrece alojamiento en la finca a quienes echen una mano. Pero con condiciones que el titular se deja fuera.

El santuario está a orillas del río, rodeado de montañas que en agosto (pleno invierno austral en las antípodas) están nevadas. Se dedica a acoger animales de granja abandonados, maltratados o que se quedaron sin hogar: caballos, ponis, burros, ovejas, cabras, vacas, cerdos y aves conviven en el recinto.

Además del rescate, el proyecto mantiene un vivero de plantas nativas adaptadas al clima local y organiza visitas guiadas de una hora, con reserva previa, en las que se conoce a los animales y su rutina de cuidados. La ubicación es de las que justifican el viaje por sí solas: el valle de Cardrona queda entre Wānaka y Queenstown, dos de los grandes epicentros de montaña del país, con estaciones de esquí, lagos glaciares y senderos a tiro de piedra.

Nueva Zelanda | Pixabay

Aquí llega el primer matiz importante. Kind Farm no ofrece una estancia indefinida: en su propia web habla de voluntariado de una semana con alojamiento en la finca. Los voluntarios locales, por su parte, hacen turnos de unas dos horas.

Las tareas son las de cualquier granja: alimentar a los animales, cepillarlos y cuidarlos, sacarlos a caminar, limpiar refugios, corrales y prados, colaborar en el mantenimiento de los espacios comunes y ayudar en el vivero de plantas nativas. No hace falta experiencia previa (la formación la dan ellos), pero sí compromiso: el santuario deja claro en su web que el voluntariado va de sostener las operaciones diarias del refugio, no de pasar el rato con los animales.

Para conseguir el visado, Inmigración de Nueva Zelanda es explícita: para considerarse voluntario no puedes recibir ningún beneficio valorable en dinero, y menciona expresamente el alojamiento como uno de esos beneficios. Traducido: trabajar a cambio de cama no es voluntariado a ojos de la ley neozelandesa, es trabajo. Y con un visado de turista no se puede trabajar.

¿Qué necesita entonces un español? La vía es la Working Holiday Visa que Nueva Zelanda tiene abierta con España. Sus requisitos oficiales:

  • Ser ciudadano español y tener entre 18 y 30 años al solicitarla.
  • 2.000 plazas anuales (el cupo se amplió desde las 200 iniciales tras el acuerdo de 2022) y se agotan.
  • Acreditar un mínimo de 4.200 dólares neozelandeses para tus gastos.
  • Contratar un seguro médico completo, con cobertura hospitalaria, para toda la estancia.
  • Pasaporte con validez suficiente y plan de salida del país.
  • Permite estancias de hasta 12 meses. Se solicita online y solo se puede disfrutar una vez en la vida.
  • Si tienes más de 30 años, esta puerta está cerrada y habría que buscar otra figura de visado.

Entonces, ¿merece la pena?

Depende de qué esperabas. Si lo que buscabas era vivir gratis en Nueva Zelanda de forma indefinida, no: el "gratis" cubre el alojamiento durante una semana, y todo lo demás (el vuelo hasta las antípodas, la tasa del visado, el seguro obligatorio, los 4.200 dólares que debes demostrar, la comida fuera de lo que ofrezca el anfitrión) corre de tu cuenta.

Si ya te planteabas una Working Holiday, la cosa cambia por completo. Una semana cuidando burros en un valle nevado, con Wānaka y Queenstown al lado y sin pagar cama, es una de las mejores paradas que puedes meter en esa ruta.

Ahí está el plan, sin adornos y con la letra pequeña delante. Ahora te toca decidir si el valle de Cardrona entra en tu itinerario.