MÉXICO
El secreto detrás del Palacio de Gobierno de Guadalajara: así se pagó su reconstrucción
Viajamos hasta Guadalajara, en México, para conocer la sorprendente historia que esconde el Palacio de Gobierno.
En pleno corazón de Guadalajara (México), frente a la emblemática Plaza de Armas, se alza uno de los edificios más significativos del estado: el Palacio de Gobierno de Jalisco. Delimitado por las calles Pedro Moreno, Maestranza, Ramón Corona y Morelos, este inmueble no solo alberga hoy la sede del Poder Ejecutivo estatal, sino que ha sido escenario de momentos decisivos para la historia de México.
Palacio de Gobierno de Jalisco, a través de su historia
Para comenzar, debemos tener en cuenta que el solar sobre el que se levanta este palacio fue donado por el alarife Martín Casillas, el mismo maestro constructor que erigió la Catedral Metropolitana de Guadalajara. La primera edificación, terminada hacia 1650, era una construcción modesta hecha de adobe que no logró resistir el paso del tiempo: un terremoto ocurrido en 1750 la dejó en ruinas.
La reconstrucción del edificio estuvo, curiosamente, vinculada al contrabando. Cuando Carlos IV de España prohibió la elaboración de bebidas alcohólicas en el Virreinato de Nueva España (entre ellas el mezcal), los productores locales siguieron fabricándolas de forma clandestina. Fueron precisamente los impuestos recaudados sobre esas bebidas, junto con el respaldo del sacerdote Matías Ángel de la Mota Padilla, los que financiaron la nueva construcción, iniciada en 1750 con cantera dorada procedente de la barranca de Huentitán. El edificio se inauguró en 1790 bajo el nombre de Palacio de la Real Audiencia, pues en él se instalaron las salas de este tribunal, que originalmente había funcionado en el terreno donde hoy se encuentra el templo de San Agustín.
Poco a poco y con el paso del tiempo, el palacio se convirtió en protagonista de la historia nacional como cuando en 1810 Miguel Hidalgo y Costilla llegó a Guadalajara el 26 de noviembre y se alojó en sus salones, que por primera vez funcionaron como sede del gobierno nacional mexicano. Fue allí donde Hidalgo firmó el decreto que abolía la esclavitud en la Nueva España, el 6 de diciembre de ese año, antes de verse obligado a abandonar la ciudad ante el avance de las tropas realistas en enero de 1811.
Décadas más tarde, concretamente en 1858, durante la Guerra de Reforma, el presidente Benito Juárez estableció temporalmente su gobierno en el recinto, que así ejerció por segunda vez como Palacio Nacional. Fue en ese periodo cuando Juárez estuvo a punto de ser asesinado durante una reunión de gabinete, episodio en el que el ministro Guillermo Prieto le salvó la vida interponiéndose ante los soldados y pronunciando su célebre frase: "los valientes no asesinan".
No podemos dejar de mencionar que el edificio no ha estado exento de daños. En 1859 una explosión destruyó su ala norte, obligando temporalmente al gobierno estatal a trasladarse al antiguo seminario, hoy Museo Regional de Guadalajara. Más tarde, en 1915, durante la Revolución Mexicana, un disparo realizado desde la Plaza de Armas por un integrante de las fuerzas villistas dañó el reloj del palacio, que permaneció detenido hasta ser restaurado con una réplica.
Durante más de un siglo, entre 1873 y 1982, el Congreso del Estado de Jalisco compartió el recinto con el poder ejecutivo estatal hasta que este se trasladó a su propia sede legislativa. Desde entonces, el Palacio de Gobierno permanece como residencia oficial del despacho del gobernador en turno, conservando entre sus muros la memoria de tres siglos de historia jalisciense y mexicana.