CÓRDOBA
Ocho faroles, una plaza y más de 200 años de historia: así nació uno de los símbolos de Córdoba
Viajamos hasta la preciosa ciudad de Córdoba para conocer la sorprendente historia que esconde su Cristo de los Faroles.
En uno de los rincones más entrañables del casco histórico de Córdoba podemos encontrarnos con una escultura que, con el paso de los siglos, se ha convertido en seña de identidad de todo un barrio. Se trata del Cristo de los Desagravios y Misericordia, mucho más conocido por los cordobeses con el sobrenombre de Cristo de los Faroles. La obra preside la plaza de Capuchinos, a escasos metros de la Cuesta del Bailío. Cabe destacar que debe su apodo popular a los ocho faroles que la rodean y la iluminan, otorgándole esa atmósfera recogida tan característica de las noches cordobesas.
Cristo de los Faroles de Córdoba, a través de su historia
Para comenzar, debemos tener en cuenta que el espacio que ocupa en la actualidad la plaza formó parte, en otro tiempo, del patio del convento del Santo Ángel, perteneciente a la orden de los capuchinos. A lo largo del siglo XIX, este recinto conventual quedó desamortizado durante varias etapas. Un proceso que, entre otras razones, vino motivado por tratarse de un punto de paso natural entre dos de los barrios más populares de la ciudad. Curiosamente, la plaza ha conservado hasta nuestros días su empedrado original, un detalle que refuerza esa sensación de viaje en el tiempo que transmite el lugar.
Es importante destacar que la iniciativa de erigir el monumento partió del fraile capuchino Diego José de Cádiz, aunque su ejecución no habría sido posible sin el respaldo económico de los marqueses de Ariza y de otros benefactores que se sumaron a la causa. Fue el escultor cordobés Juan Navarro León quien, en 1794, dio forma definitiva al conjunto, combinando mármol blanco para la figura de Cristo y mármol negro para la cruz que lo sostiene, rematada con los ya mencionados ocho faroles. La cruz se asienta sobre dos prismas de planta octogonal, que a su vez se apoyan en un sólido basamento de piedra.
Cristo de los Faroles de Córdoba, a través de sus características
Ya en el siglo XX, concretamente el 1 de marzo de 1924, un vecino cuyo nombre no ha trascendido costeó la instalación de las verjas que rodean el monumento, siguiendo el modelo de otros triunfos religiosos de la ciudad, como el dedicado a San Rafael en la Puerta del Puente. Sin embargo, esta reja no estuvo exenta de polémica, puesto que José Cruz-Conde, el entonces alcalde, llegó a plantear su retirada tras consultarlo con la Comisión de Monumentos.
La controversia trascendió incluso hasta Madrid, donde Ricardo de Montis salió en defensa de la estructura y, además, propuso sustituir las tradicionales lámparas de aceite por un sistema de iluminación eléctrica. Con el paso del tiempo, concretamente en 1984, los faroles originales fueron reemplazados por otros de líneas más robustas, mientras que, en 2015, el conjunto escultórico completo fue sometido a una restauración integral que devolvió al monumento su esplendor.
Más allá de su valor artístico, el Cristo de los Faroles guarda también una dimensión espiritual grabada en su propia piedra, puesto que en el pedestal puede leerse el texto completo del salmo Miserere, mientras que en la cruz figura una inscripción en latín cuya traducción resume una idea profundamente simbólica: "Y la roca era Cristo". Así, entre luz de farol y silencio de plaza, este rincón cordobés sigue custodiando una historia que entrelaza fe, arte y memoria urbana.