MADRID
Real Colegiata de San Isidro de Madrid: ¿sabías que alberga los restos del Santo y de Santa María de la Cabeza?
Viajamos hasta Madrid para conocer la sorprendente historia que esconde la impresionante Real Colegiata de San Isidro.
Ponemos rumbo a Madrid, donde nos topamos con un gran número de construcciones y monumentos verdaderamente sorprendentes, a la par que espectaculares. Un claro ejemplo lo encontramos, precisamente, en la Real Basílica Colegiata de San Isidro. También conocida como Colegiata de San Isidro el Real, se trata de un templo católico que fue construido en el siglo XVII y está ubicado en la calle de Toledo, 37. Fue la catedral provisional de la ciudad hasta 1993, cuando se consagró la de La Almudena.
Real Colegiata de San Isidro de Madrid, a través de su historia
En pleno centro histórico de Madrid, en la calle de Toledo, se alza la Real Basílica Colegiata de San Isidro, uno de los templos más sorprendentes y representativos de los que podemos encontrar en la capital española. Además de custodiar los restos de san Isidro, patrón de la ciudad, y de su esposa, santa María de la Cabeza, este edificio desempeñó un papel fundamental en la vida religiosa madrileña. Y todo por ejercer como catedral provisional hasta la consagración de la catedral de la Almudena en 1993.
Sus orígenes se remontan al siglo XVII, cuando fue concebida como iglesia del antiguo Colegio Imperial de la Compañía de Jesús. La construcción sustituyó a un templo anterior y se llevó a cabo gracias al legado de María de Austria, hija de Carlos I. Fue ella quien dejó instrucciones en su testamento para que su fortuna se destinara a la creación de un nuevo complejo religioso y educativo gestionado por los jesuitas.
El proyecto fue diseñado en 1620 por el arquitecto Pedro Sánchez. Las obras comenzaron dos años después y, tras la muerte del arquitecto, fueron continuadas por Francisco Bautista y Melchor de Bueras, hasta que pudieron concluirse en 1664. Aunque el edificio aún no estaba terminado, fue consagrado en 1651 y dedicado inicialmente a san Francisco Javier.
La historia del templo cambió de forma significativa en 1767, cuando Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles. A partir de entonces, la iglesia pasó a ser colegiata y adoptó la advocación de san Isidro. Coincidiendo con este cambio, se trasladaron al templo tanto el cuerpo del santo como las reliquias de santa María de la Cabeza.
Esta nueva etapa vino acompañada de una importante remodelación interior dirigida por Ventura Rodríguez, quien diseñó un nuevo presbiterio, el retablo mayor y una cuidada decoración. Con la creación de la diócesis de Madrid en 1885, la colegiata asumió la función de catedral de la ciudad durante más de un siglo. Un año después fue escenario de un trágico episodio: el asesinato del primer obispo de Madrid, Narciso Martínez Izquierdo, abatido a tiros en las escaleras del templo.
La Guerra Civil española dejó una profunda huella en el edificio. En 1936 sufrió un incendio que destruyó numerosas obras de arte, entre ellas el retablo mayor y diversas pinturas de gran valor. Lejos de que todo quede ahí, también colapsó la cúpula, aunque investigaciones posteriores demostraron que no toda la cubierta había desaparecido, como se afirmó durante años. Tras el conflicto se emprendió una larga restauración que se prolongó durante dos décadas y permitió recuperar buena parte de su aspecto original. Entre las intervenciones más destacadas figuran la réplica fiel del retablo mayor y la modificación de las torres de la fachada principal.
Hasta la apertura de la catedral de la Almudena, la colegiata acogió imágenes tan importantes como la Virgen de la Almudena y el Cristo de la Buena Muerte. Desde 1978, además, es la sede canónica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de la Esperanza Macarena, que cada Jueves Santo protagoniza una de las procesiones más destacadas de la Semana Santa madrileña.