ARDE IGUAL, PERO TE DA TIEMPO A ESCAPAR
Los incendios en coches eléctricos son raros, pero cuando ocurren resultan casi imposibles de apagar, pero SVOLT tiene una batería de estado semisólido que promete cambiar las reglas del juego.
Que un coche eléctrico salga ardiendo es estadísticamente menos probable que en uno de combustión, pero el problema real no está en la frecuencia sino en lo que pasa después. La química de las baterías actúa como combustible, y apagar ese fuego es una pesadilla para los bomberos porque las llamas se retroalimentan durante horas y a veces incluso días. Total que la industria lleva años buscando formas de evitarlo, y algunas propuestas han sido bastante disparatadas.
La más absurda la vimos hace unos meses, porque alguien propuso directamente expulsar la batería del coche durante un incendio a una distancia de entre tres y seis metros. Vamos, lanzarla como si fuera un misil defectuoso.
Pero SVOLT ha dado con algo que tiene mucho más sentido, y se llama Dragon Armor 3.0. Si no te suena, SVOLT es una empresa china especializada en baterías que nació dentro de Great Wall Motors y acabó independizándose, así que no hablamos de un fabricante cualquiera. Forma parte del Top 10 de productores de baterías en China, y tiene acuerdos firmados con el Grupo BMW, Leapmotor, Hyundai y Kia, entre otros.
Lo que ha hecho con esta nueva batería es separar físicamente los terminales eléctricos de los canales por donde circula el fuego durante una fuga térmica. Así consigue que las llamas se dirijan hacia el suelo y los laterales pero nunca hacia arriba, nunca hacia el habitáculo ni hacia ti.
El concepto es sencillo de entender, aunque la ingeniería detrás no lo sea tanto. SVOLT ha aislado los circuitos eléctricos de los canales de alivio de presión para que la electricidad y el fuego no compartan el mismo camino, así que cuando se produce una fuga térmica las llamas siguen una ruta predefinida que las aleja de los ocupantes. Eso da un tiempo valioso para abandonar el vehículo sin riesgo.
No solo es cuestión de seguridad. SVOLT ha aprovechado el rediseño para aumentar la capacidad de la batería entre un 7% y un 10% sin ocupar más espacio, porque solo ha incrementado la altura de cada celda en 5 milímetros.
Además, la compañía asegura que reduce el riesgo de incendio en un 25%, y tiene lógica porque al separar las vías eléctricas de las de escape del fuego se minimizan los puntos donde podría iniciarse una reacción en cadena. Vamos, que no solo controla las llamas si aparecen, sino que dificulta que aparezcan en primer lugar.
La Dragon Armor 3.0 es una batería de estado semisólido que entrará en producción en las próximas semanas, así que no hablamos de un prototipo ni de una promesa a cinco años vista. SVOLT quiere llevarla al mercado cuanto antes porque sabe que la seguridad es el argumento que más frena a quienes dudan entre comprarse un eléctrico o seguir con combustión.
Habrá dos variantes bien diferenciadas, una de 86 kWh pensada para coches híbridos enchufables y otra de 115 kWh diseñada exclusivamente para eléctricos puros, así que la compañía china cubre ambos frentes del mercado electrificado.
Lo más llamativo es que la versión de 86 kWh promete una autonomía eléctrica de más de 400 kilómetros en un PHEV, y esa cifra cambia completamente la ecuación. Si un híbrido enchufable puede cubrir 400 km sin gastar gasolina, la mayoría de conductores no necesitarían encender el motor térmico casi nunca, y eso convierte al PHEV en algo muy cercano a un eléctrico puro pero con la tranquilidad de tener combustible de reserva.
Que una batería sea más segura y al mismo tiempo tenga más capacidad no es algo que se vea todos los días, y si SVOLT cumple lo prometido, podríamos estar ante una tecnología que quite bastantes miedos a quienes todavía miran con recelo a los eléctricos.