Trágicos testimonios

Castillejos, una localidad junto a Ceuta anclada en la espera y la angustia: "Nos hablaron de un cuerpo pero estaba muy deteriorado"

El contexto Muchos vecinos de esta localidad marroquí, pegada a la ciudad autónoma, han pasado tres meses tratando de apoyar a familiares que cruzaron o buscando a desaparecidos.

En Castillejos, la localidad marroquí pegada a Ceuta, hay dos emociones que parecen haberse instalado en muchas casas: la espera y el dolor. El 30 y el 31 de julio, muchos de sus vecinos, sobre todo los más jóvenes, decidieron probar suerte al otro lado de la frontera.

Algunos llevaban tiempo pensando en hacerlo. Otros se dejaron arrastrar por una convocatoria que corrió de teléfono en teléfono, de grupo de WhatsApp en grupo de WhatsApp, alimentada por mensajes y promesas que todavía hoy dejan demasiadas preguntas sin respuesta.

Durante unas horas, la posibilidad de llegar a España pareció estar al alcance de la mano. Para muchos, era algo más que cruzar una frontera: era la oportunidad de cambiar de vida, una esperanza que algunos alimentan desde que son niños.

Castillejos es una localidad de contrastes. En su frente marítimo se suceden cafeterías y restaurantes a los que acuden también muchos ceutíes, atraídos por una oferta gastronómica más económica que la de la otra orilla. En uno de ellos, una familia de Ceuta come una fritura por poco más de diez euros por persona. La conversación, sin embargo, no gira alrededor del pescado. "¿Qué derechos humanos? ¿Qué derechos humanos? Que cojan a todos esos menores que siguen en la calle en Ceuta y que los devuelvan a Marruecos", dice uno de sus miembros.

A pocos kilómetros, la costa ofrece otra postal. Hay restaurantes y complejos turísticos que podrían recordar a los de cualquier destino vacacional del Caribe. Desde la carretera también se distinguen algunas villas de lujo. Un paisaje que convive con la realidad económica de buena parte de la población de la zona, para la que esas construcciones parecen pertenecer a otro mundo.

Durante aquellos días, las fuerzas de seguridad marroquíes habían multiplicado su presencia en el litoral. Los controles se sucedían a lo largo de la playa de Castillejos. Los agentes detenían vehículos y comprobaban quién circulaba por la zona, en un despliegue destinado a impedir nuevos intentos de entrada en Ceuta. Entre los furgones y los uniformes, sin embargo, había también escenas de una normalidad casi desconcertante: personas sentadas sobre las rocas, leyendo, contemplando el mar o haciéndose fotografías.

Algunos miraban hacia el otro lado. Allí, a simple vista, está Ceuta: la pequeña península que se adentra en el mar y que mantiene una frontera terrestre con Marruecos. Desde ese paseo marítimo laSexta se encuentra con el primer protagonista de esta historia. Trabaja en una cafetería cercana. Cada vez que se acerca a la costa y distingue el territorio español, dice que se le encoge el corazón. Allí, a unos pocos kilómetros, están su hijo, su nuera y su nieto de seis años, que cruzaron durante aquella entrada masiva.

Vecinos de Castillejos en el paseo marítimo. laSexta

"Es complicado tenerlos tan cerca y no poder ir allí a darles un abrazo. Mi hijo está viviendo en el campamento de las naves del Tarajal. Su mujer y su hijo están en un centro de acogida y solo puedo hablar con ellos cuando me llaman desde el centro. En el Tarajal apenas tienen cobertura", explica.

La distancia se mide en kilómetros, pero también en llamadas que no llegan, en conversaciones interrumpidas y en abrazos aplazados. "Mi mujer lo ha pasado muy mal. Durante una semana ni durmió ni comió nada. Se puso enferma pensando que estaban allí, en esas condiciones. Yo le pedí a mi hijo que volviera, pero a la vez también lo entendía. Su situación económica no era buena y pensó que allí podía tener una oportunidad para salvar a su familia", añade.

"Trato de mandarles todo el dinero que puedo"

Quedamos con él hace unas semanas. En aquel momento nos habló sin demasiadas reservas, incluso aceptó dar la cara. Pero hace cuatro días algo cambió. Su hijo y su familia habían decidido regresar a Marruecos. La separación se había hecho insoportable. "No encontramos lo que estábamos buscando y la situación allí cada vez es más difícil. Por eso hemos decidido volver", cuenta su hijo en una breve conversación telefónica.

También pide que no se reconozca a su padre en la entrevista. Teme que alguien pueda identificarlo y prefiere mantener su situación en privado mientras intenta recomponer su vida en Marruecos. Atrás quedan meses difíciles. Su padre había contado que trataba de ayudarle como podía: "Mi sueldo de camarero no da para mucho y acababa de pagar la boda de una de mis hijas. Pero trato de mandarle todo el dinero que puedo para que compren ropa y comida. Sé que la vida en las naves está siendo muy dura. Haré todo lo que pueda por ayudar a mi hijo".

Lo dice con la resignación de quien sabe que el dinero enviado desde el otro lado no siempre alcanza para aliviar lo que ocurre allí. También recuerda otros tiempos, cuando cruzar a Ceuta formaba parte de la rutina y españoles y marroquíes compartían partidos de fútbol sin que la frontera pareciera ocupar tanto espacio en sus vidas.

"Mi corazón mantiene la esperanza"

Un día antes laSexta hablaba con otro de los protagonistas. Es un joven vecino de Ceuta que también prefiere mantener el anonimato. Su hospitalario recibimiento que contrasta con el miedo a ser reconocido. La entrevista tiene lugar en un piso reformado que le han prestado. Nos ofrece zumo y unas pastas, pero no quiere que aparezca su rostro. No quiere que nadie sepa que él también cruzó aquel día y que, apenas dos semanas después, decidió regresar.

"La pregunta no es por qué volví. La pregunta es por qué crucé. Aquí hay dos tipos de personas: los que lo tenían planeado y los que se dejaron llevar por la masa. Yo vi que amigos cruzaban y ni me lo pensé. Simplemente los acompañé. Aquí no tengo una mala vida: tengo mi trabajo y a mi familia. Pero me dejé llevar", relata.

Lo dice sin dramatismo, casi como quien repasa una decisión tomada demasiado deprisa. A veces las grandes decisiones no llegan precedidas de una larga reflexión. Basta con que alguien eche a correr y que los demás decidan seguirlo.

Pero cuando regresó no dejó atrás únicamente una experiencia que no había salido como esperaba. También volvió con una pregunta que todavía no tenía respuesta: qué había ocurrido con su hermano. Él había cruzado el mismo día y desde entonces la familia no sabía nada de su paradero.

Su padre, que tiene pasaporte español, pasó semanas buscándolo. Recorrió hospitales, cementerios y campamentos. En algún momento recibió una llamada. Le hablaron de un cuerpo que podía corresponder al de su hijo,"aunque estaba demasiado deteriorado para permitir una identificación visual". No le dejaron verlo.

"Un padre puede identificar a su hijo solo viendo uno de sus dedos. Pero no se lo permitieron. Le hicieron una prueba de ADN y desde entonces no tuvimos noticias", arfirma.

Este hombre regresó a Marruecos tras entrar en Ceuta, donde su hermano murió. laSexta

Lo peor para él y para su familia era la incertidumbre. No saber si su hermano estaba vivo, si seguía en algún lugar de Ceuta o si formaba parte de esa lista de personas cuyo destino nadie había conseguido aclarar. "Mi corazón mantiene la esperanza, pero mi sentido común es más pesimista. Lo peor es no saber. A veces me gustaría que alguien me llamara y me diera la noticia, sea la que sea. Para poder descansar", asevera.

Esa llamada llegó hace quince días. La prueba de ADN realizada a su padre confirmó que el cuerpo era el de su hermano.

El joven lo comunica a laSexta con un mensaje de texto. Sigue sin entender cómo pudo morir ahogado. Dice que su hermano ni siquiera sabía nadar. Se pregunta si alguien pudo empujarlo o golpearlo, pero no tiene pruebas que permitan aclarar qué ocurrió. "Solo Dios sabe realmente lo que pasó", sentencia.

*Añade laSexta como tu medio de referencia en Google y no te pierdas toda la actualidad y el mejor contenido.