Enfrentamiento vecinal
Guerra fría por la petanca: vecinos de Calafell (Tarragona) se quejan del ruido que hacen los miembros de un club al jugar
Sí, pero... A su vez, los petanqueros aseveran que no hacen ruido y que, en cambio, están siendo saboteados por los vecinos para que dejen de jugar en las pistas que les ha facilitado el ayuntamiento.
Resumen IA supervisado
El conflicto en Calafell, Tarragona, ha surgido por el traslado de un club de petanca a una nueva ubicación. Luis Ramírez, presidente del Club de Petanca Mas Mel, explica que el ayuntamiento los trasladó sin previo aviso. Teresa Guarro, vecina, se queja de la presencia del club. Los jugadores de petanca aseguran que no generan ruido, mientras que los vecinos opinan lo contrario. Los petanqueros denuncian sabotajes en sus instalaciones, pero no hay pruebas claras de los autores. El Ayuntamiento apoya al club, afirmando que no afecta la convivencia. Sin embargo, las tensiones continúan en este conflicto vecinal.
* Resumen supervisado por periodistas.
Todo conflicto tiene un desencadenante y el que se ha generado en Calafell, en Tarragona, es el desplazamiento de un club de petanca de una posición a otra.
"Estábamos a 300 metros de aquí, en la playa, y el ayuntamiento nos trasladó aquí", explica Luis Ramírez, presidente del Club de Petanca Mas Mel. "Sin habernos anunciado nada ni habernos hecho ningún tipo de propuesta, nos encontramos aquí dos pistas de petanca", señala Teresa Guarro, vecina que se queja de la presencia del club.
Y dos narrativas: los jugadores de petanca afirman que no hacen ruido mientras que los vecinos aseguran todo lo contrario. Posturas irreconciliables. "Se ve que hay tres o cuatro personas que no les gustará que estemos aquí", dice uno de los petanqueros. "El barrio está con nosotros, tengo firmas", apunta uno de los vecinos.
Los jugadores de petanca hacen balance de daños: "Nos van metiendo silicona en los candados, hemos tenido que cambiar ya una docena". "No quiero pelear con nadie, pero no me gusta que me insulten", dice uno de los vecinos.
Sus pruebas documentales de los sabotajes los deja sin autores definidos. Y los ruidos que los vecinos consideran insoportables tampoco dejan claro el asunto.
Mientras tanto, el Ayuntamiento de Calafell da la razón a los petanqueros. Las pistas se quedan porque no es una actividad que perjudique la convivencia ni impida el paso ni incumpla ninguna normativa.
Pero nadie duda que los ánimos van a seguir caldeados en lo que se está convirtiendo en una guerra fría por la petanca.