ESTADO DEL BIENESTAR
De jugar con sonajeros a especular con llaves: cuando 500 metros cuadrados valen más vacíos que llenos de niños
¿Por qué es importante? Mariana tiene una escuela infantil en el centro de Madrid que lleva 20 años funcionando. Ella se hizo con el traspaso hace dos años e invirtió más de 100.000 euros. Ahora, un fondo buitre la ha comprado y la va a echar.
Resumen IA supervisado
Un vídeo viral revela cómo inversores compran un local de una escuela infantil recién cerrada para transformarlo en viviendas, con un beneficio potencial de 453.000 euros. Este fenómeno afecta a Mariana Ceballos, dueña de una escuela infantil en Madrid que, tras 20 años de funcionamiento, cerrará debido a la especulación inmobiliaria. A pesar de ofrecer pagar más, los nuevos dueños prefieren convertir el espacio en viviendas. La facilidad para cambiar el uso de estos locales y su infraestructura ya adaptada los hace atractivos para especuladores. Mientras tanto, miles de niños se quedan sin plaza en escuelas municipales, y las familias trabajadoras enfrentan dificultades para acceder a educación infantil asequible.
* Resumen supervisado por periodistas.
El vídeo se ha hecho viral. Unos inversores compran un local donde antes funcionaba una escuela infantil (que acababa de cerrar) y presumen de lo que van a ganar. El plan está clarísimo: una reforma rápida, barata y cinco viviendas listas para especular. Beneficio esperado en un principio: 300.000 euros. Beneficio real (si las venden a los precios que ya están anunciando en Idealista): 453.000 euros. "Y no eres el único, Mariano", dicen en el vídeo. "Y ese es el problema, Mariano", añadimos nosotras.
En Estado del Bienestar hemos investigado y hay más casos. Casos con nombres y apellidos como el de Mariana Ceballos: cuando un fondo compra tu guardería. Mariana tiene una escuela infantil en el centro de Madrid que lleva 20 años funcionando. Ella se hizo con el traspaso hace dos años e invirtió más de 100.000 euros.
La escuela funciona bien. Sus ocho empleadas saben cómo hacerlo. Los 60 niños de cero a tres años que pasan por ella cada día la quieren. Las familias confían. Es uno de esos lugares donde los padres dejan a sus hijos y se van al trabajo sabiendo que están cuidados.
Eso tiene un precio. Un precio justo, por cierto. 8.300 euros al mes de alquiler, IVA incluido. Durante años, Mariana pagaba religiosamente ese alquiler. Cuando los nuevos dueños se presentaron, les dijo que estaba dispuesta a pagar más si era necesario. "No son las cifras que tenemos en mente", fue la respuesta.
El problema es que alguien ha mirado esos 500 metros cuadrados desde otra perspectiva completamente distinta. No ha visto la clase de los Búhos, donde los pequeñitos aprenden a explorar. No ha visto la de los tigres, donde practican movimiento y coordinación.
No ha pensado en Mariana ni en sus empleadas ni en las familias que dependen de este lugar para poder vivir. Ha visto un espacio. Mucho espacio. En el centro de Madrid. Listo para especular. Un fondo compra el local, y fin de la historia para Mariana.
Se va cuando acabe el mes. Sus ocho empleadas se van con ella —sin transición, sin tiempo para buscar otro trabajo, sin que nadie se preocupe por cómo van a pagar su hipoteca el mes que viene—.
Los 60 niños tienen que buscar otra guardería antes del nuevo curso, si es que encuentran plaza. Y ella, que estaba dispuesta a pagar lo que fuera necesario para mantener su proyecto en pie, se queda fuera. Su escuela desaparece.
Hemos contactado con los nuevos dueños. Querían saber cómo habíamos conseguido sus datos. Pero de cómo piensan usar el espacio, de si les importa lo que estaba pasando allí antes, de las ocho empleadas o los 60 niños... nada de momento.
La fórmula perfecta para especular
Pero, ¿por qué estas escuelas son tan atractivas para los especuladores? ¿Por qué, de repente, hay fondos buitre metiendo dinero en escuelas infantiles para comprarlas, cerrarlas y convertirlas en viviendas? La respuesta es sencilla: es facilísimo hacer el cambio de uso a vivienda.
Por normativa, estos espacios tienen que cumplir requisitos muy específicos. Tienen que tener luz natural abundante. Tienen que tener ventilación adecuada. Tienen que tener acceso directo desde la calle —esto es fundamental, porque quien compra una guardería para hacer apartamentos turísticos necesita que la gente pueda entrar y salir sin pasar por un edificio residencial—.
Además, son espacios grandes, al menos 30 metros cuadrados por aula. Y muchos, la mayoría, ya disponen de preinstalación de fontanería completa, porque una escuela infantil necesita baños en las aulas, duchas, lavamanos...
Esto es lo que ven los tiburones cuando miran una guardería: infraestructura ya hecha. Trabajo de base ya realizado. Cimientos económicos ya pagados. Llave en mano para la vivienda.
El colapso de Madrid
Mientras todo esto ocurre en la ciudad, hay otros números que importan. 8.005 niños y niñas se quedan sin plaza en las escuelas municipales cada año. De hecho, solo uno de cada cuatro consigue plaza en la red pública municipal.
A todo ello se suma que las familias trabajadoras no tienen opción real. Porque o pagan 600 euros al mes en una escuela privada o se quedan sin poder trabajar.
El modelo que hemos elegido
No nos confirman lo que va a ocurrir en ese local de 500 metros cuadrados donde antes estaba la guardería de Mariana... pero lo intuimos. Hemos buscado a los compradores y es su modelo. Probablemente, dentro de un año, habrá cinco o seis pisos. Probablemente, alguien habrá ganado mucho dinero.
Lo que sí sabemos es que Mariana no estará allí. Sus empleadas no estarán allí. Y 60 niños de cero a tres años buscarán otro sitio donde ir mientras sus padres trabajan. En definitiva, el barrio entero habrá cambiado.