Anatomía de: El secuestro de Papuchi

"Llevaban una carta y la corbata": la prueba de vida de 'Papuchi' que permitió detener a otro de sus secuestradores

La investigación sobre el secuestro del doctor Iglesias Puga da un vuelco cuando la policía intercepta a un enlace de ETA en la entrega de una prueba de vida. A partir de ese momento, las fuerzas de seguridad trabajan "a contrarreloj".

Al noveno día tras el secuestro de 'Papuchi', después haber recorrido todos los pueblos de la provincia de Navarra, la policía suspende la búsqueda y regresa a Bilbao. Joaquín de Domingo Martorell, director del mando único de la lucha antiterrorista, vuelve a su hotel, que llevaba ocho días sin pisar. "Dormía en los coches, estábamos obsesionados con encontrar ese lugar", recuerda.

La situación se complica para las fuerzas de seguridad. Según la ley, solo podían retener durante diez días al detenido Jesús Urrutia, y el plazo expiraba al día siguiente. Le trasladan a su casa para recoger ropa antes de su puesta a disposición de la Audiencia Nacional, cuando ocurre un giro inesperado y suena el teléfono. Eran sus compañeros de ETA, que le piden explicaciones por su desaparición durante los últimos diez días. En esa llamada, el detenido oculta que está colaborando con la policía.

"Él les contestó que su mujer estaba en el hospital, que estaba con ella porque la habían operado, y que había ido a por ropa", desvela Joaquín, explicando cómo Urrutia improvisaba excusas "sobre la marcha". Los terroristas le citan en un descampado "entre Bilbao y el puerto", y las autoridades preparan un operativo con dos inspectores ocultos en el coche.

En ese punto, se produce una entrega en la que aparece una prueba de vida."Llevaban una carta y la corbata del doctor", relata el comisario Martorell: "Y cuando empezaron a hablar, los inspectores saltaron del coche y lo detuvieron".

Con esta operación, ya había dos detenidos, Jesús Urrutia y Juan Gregorio Egusquiza, que venía directamente de la casa donde permanecía secuestrado 'Papuchi'. "Teníamos a la persona que sabía dónde estaba el doctor, que había salido de la casa y que tenía que volver. Si en un plazo determinado no regresaba, los terroristas sabrían que algo había ocurrido; lo normal era que lo hubieran detenido", explica Joaquín, destacando que la operación se realizó "a contrarreloj".

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