El Club de la Comedia

Cuando Dani Rovira hizo historia con su monólogo para salir de la crisis: "Aquí donde me veis yo he hecho de Eto'o"

Dani Rovira abordó la crisis económica y el carácter español en El Club de la Comedia con una receta poco optimista: trabajo, humor y una peculiar interpretación de la ley de la palanca... o 'el apalanque'.

Dani Rovira arrancaba su monólogo en El Club de la Comedia disparando contra quienes se toman demasiado en serio la vida. Entre índices bursátiles, barriles de Brent y frases de autoayuda, Rovira encontraba un punto intermedio bastante más español: "Dadme un punto de apoyo y que se mueva tu puta madre".

El cómico también tenía para los aficionados a las frases motivacionales de Facebook. "Hoy hace un día de sol radiante. Voy a salir a la calle a regalar abrazos de luz", imitaba, antes de rematar con una de sus soluciones particulares.Y, por supuesto, había un culpable al que señalar: "Qué daño ha hecho Bucay en este país".

Pero si algo reivindicaba Rovira era la necesidad de trabajar, aunque fuera en empleos tan insólitos que parecieran inventados para el propio monólogo, con el fin de hacer frente a la crisis económica. "Yo he hecho de 'to'... y de Eto'o", aseguraba, para después relatar cómo se pintaba la cara de negro y se ponía la equipación para imitar al famoso futbolista y cobrar a quien quisiera hacerse fotos con él. Entre sus otras experiencias laborales figuraban haber sido "árbitro de primera y segunda división de Parchís y de Oca", DJ residente "en una residencia de ancianos" y hasta "fotógrafo de platos combinados". Su currículum tenía, además, un hito especialmente glorioso: "El primer año estuve trabajando en el Telepizza. […] Me dieron un premio: mejor actor de reparto".

La imaginación laboral alcanzaba su cima con su supuesto pasado como criador de luchadores de sumo: "Me lo pedía por internet. Me lo traían a casa con un añito, me los traían, yo los metía en una parcelita, le echaba pienso y a los 18 años los mandaba pa' Japón". Y todavía quedaba espacio para recordar su experiencia en una cámara frigorífica: "Yo he pasado un frío que te digo la verdad que yo he cagado Calipos allí dentro". Si había que ganarse la vida, desde luego, Rovira no parecía dispuesto a poner demasiadas condiciones.

El tramo final del monólogo se volvía más existencial, aunque solo lo suficiente para volver a hacer el disparate. Rovira sostenía que "todas las etapas que tiene que vivir el ser humano […] son una mierda", salvo una: los primeros años de vida. Su teoría era que a los bebés les borran la memoria porque, si pudieran hablar, tendrían demasiadas cosas que contar. Especialmente después de pasar horas sentados en su tacatá. "Dame la misma mierda que le estás dando al niño, porque la mía me sale más cara y el viaje no es tan bueno", bromeaba.

Y ahí estaba, para Rovira, la gran injusticia de la infancia: no poder hablar cuando más cosas habría que decir. Por ejemplo, cuando una madre le pregunta a su bebé "¿Dónde está lo más bonito?" mientras lo mira fijamente. El niño, según el cómico, solo puede pensar: "Si estás preguntando por lo más bonito y me estás mirando a mí, es que no soy yo".

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