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A 300 metros de una aldea asturiana: la inquietante balsa con cianuro que revela Equipo de Investigación

Viajamos a la mina de oro del Valle de Boinás, que es explotada por una compañía canadiense. Al subir una montaña, descubrimos una enorme balsa color turquesa, que son aguas de cianuro. Preguntamos a los vecinos de la zona qué piensan sobre vivir al lado de una mina.

El proyecto minero de Tapia de Casariego se presenta bajo el paraguas de la "minería sostenible" y con capital tanto nacional como internacional. Sin embargo, al analizar la estructura de la compañía, se comprueba que su sede se encuentra en Reino Unido y que forma parte del grupo canadiense Black Dragon Gold, que cotiza en la bolsa australiana.

El objetivo de esta empresa pasa por replicar el modelo de explotación que ya funciona en Asturias, a apenas 100 kilómetros. Allí, en el Valle de Boinás, otra compañía canadiense gestiona una de las minas de oro más activas de la zona.

Hasta ese enclave nos desplazamos. Tras ascender por la montaña, encontramos una gran balsa de color turquesa: se trata de aguas con cianuro, un compuesto clave para separar el oro del resto de minerales. A tan solo 300 metros se sitúa la aldea de Boinás, cuyos vecinos conviven a diario con la actividad minera.

"El polvo es lo que más me molesta, por el continuo paso de camiones. A mí, por ejemplo, se me mueren todas las flores”, lamenta una vecina, que aun así reconoce la necesidad de empleo: “La gente tiene que trabajar".

La población del pueblo refleja esa tensión entre actividad económica y despoblación: ha pasado de 66 habitantes en 2012 a 46 en 2024. Un vecino, propietario del único bar de la zona, da cuenta de la realidad diaria. Solo en 2024, la mina extrajo 1.034 kilos de oro. Además, en 2014, la empresa explotadora fue sancionada por vertidos de metales pesados al río.

*Puedes ver el programa completo de Equipo de Investigación 'La fiebre del oro' en Atresplayer