"Ese día tendría que haberme separado"
La tristeza de Lola Herrera por la actitud de su marido cuando encontró las cartas de Chicho Ibáñez Serrador: "Las rompió"
Lola Herrera recuerda en Lo de Évole a las personas del oficio que más le han marcado a lo largo de su carrera y se detiene a hablar de Chicho Ibáñez Serrador. Su marido, Daniel Dicenta, rompió las cartas que le envió el genio de la televisión en un ataque de celos.
A sus 90 años, Lola Herrera sigue recordando con una claridad y una pasión intactas a las personas que marcaron su vida y su carrera. La actriz repasa algunas de esas historias en su conversación con Jordi Évole en Lo de Évole, un encuentro pausado que permite asomarse tanto a su trayectoria como a episodios personales que han quedado grabados en su memoria.
Durante la entrevista, la actriz recuerda con especial cariño a algunos de los grandes nombres con los que coincidió en los escenarios. Uno de ellos es Fernando Fernán Gómez, a quien evoca con una mezcla de admiración y afecto. "Tenía pasión por él", confiesa. "Y sigo teniéndola en el recuerdo".
Lola describe con entusiasmo las peculiares reuniones que el actor organizaba en su casa. Allí, cuenta, solía proponer un tema aparentemente trivial -desde por qué los árboles crecen rectos hasta cualquier otra ocurrencia- y animaba a todos a opinar. Poco a poco la conversación se iba complicando, cada invitado añadía su punto de vista y la historia crecía y se adornaba... hasta que, cuando parecía que todos habían llegado a una conclusión, Fernán Gómez lo desmontaba todo con un simple "pues no". Aquella especie de juego intelectual improvisado, recuerda, era "lo más divertido del mundo". Para ella, no había duda: "Era un sabio".
A lo largo de su carrera también coincidió con intérpretes como Tina Gascó o Pepe Bódalo, dos nombres fundamentales de la escena española durante décadas. Y guarda un recuerdo muy especial de Marisa Paredes, a quien conoció siendo muy joven. "Era la niña pequeña, porque tenía 16 años cuando entró en la compañía. Era una manzana. Era preciosa, como ha sido siempre. Me ha trastocado mucho que se haya ido", reconoce emocionada. De ella destaca también un rasgo muy particular: "Era imprevista", dice entre risas. Una cualidad que, explica, la hacía sorprendente y llena de encanto.
El tonteo de Chicho que Lola paró
Otra de las figuras que marcaron su juventud fue Chicho Ibáñez Serrador. La actriz lo conoció en Valladolid, cuando aún vivía allí y comenzaba a dar sus primeros pasos en el teatro. Según recuerda, él dirigía la compañía teatral de su madre, Pepita Serrador, y necesitaban una actriz para una obra de un autor vallisoletano, Luis Maté.
"Él fue realmente una parte del empujón para yo irme a Madrid", asegura. Chicho, dice, era ya entonces un personaje fascinante: un hombre inquieto, que había viajado por medio mundo y que incluso había pasado una temporada tocando el piano en bares de Francia. "Había hecho ya un montón de cosas en su vida. Dirigía, era un actor maravilloso. Y yo, claro, me contaba historias preciosísimas, del mundo, de la vida, del teatro...". La joven Lola escuchaba todo aquello con absoluta fascinación. "Yo era una esponja", recuerda. Tenían además la misma edad -"los dos éramos cáncer y del mismo año"- y pasaban mucho tiempo conversando.
En uno de esos momentos finales de la gira ocurrió una escena que la actriz aún recuerda con cierta mezcla de humor y sorpresa. Se estaba despidiendo de la compañía porque volvía a casa con sus padres, que la esperaban cerca del teatro. Entonces Chicho se acercó a ella de una forma que la desconcertó. "Le paré muy bien. Sí, me asusté", cuenta. Cree que iba a intentar besarla, aunque admite que quizá también fuera imaginación suya. En cualquier caso, salió airosa de la situación con una solución diplomática: "Le besé en un lado y en el otro", recuerda entre risas.
Los celos de Daniel Dicenta
Tras aquel encuentro, sus caminos se separaron. Chicho continuó con la gira teatral, que lo llevó primero a Marruecos y después a Buenos Aires, y comenzaron a intercambiar cartas. Pero no eran cartas convencionales. "Yo empecé a recibir cartas de Chicho, unas cartas que eran guiones maravillosos", recuerda la actriz. Más que declaraciones románticas, eran relatos llenos de imaginación, historias sorprendentes que él le enviaba desde cada lugar en el que se encontraba.
En uno de sus viajes incluso le mandó babuchas y fotografías, otra de sus grandes pasiones. Pero con el paso del tiempo aquellas cartas dejaron de llegar y pasaron diez años sin que volvieran a verse.
Cuando finalmente se reencontraron, lo hicieron en el teatro Infanta Isabel. Para entonces la vida de ambos había cambiado mucho. Ella se había casado y tenía dos hijos, aunque ya estaba separada. Él también había hecho su vida.
Las cartas, sin embargo, ya no existían. Herrera las guardaba con cuidado en una caja donde conservaba sus recuerdos más personales. Un día, Daniel Dicenta las encontró. "Pero esas cartas, que yo las tenía planchadas, cuando las leyó el que fue mi marido... él leyó las cartas y me las rompió. Me las rompió", recuerda todavía con pesar.
Lo dice con humor, pero también con cierta convicción: "Ese día tenía que haberme separado". Aquellas cartas, explica, eran especiales. "Me gustaría tanto, tanto poder leerlas ahora, en mi vejez. Porque eran cosas muy bonitas".
Aun así, el recuerdo de Chicho permanece intacto. Con el tiempo mantuvieron una relación de amistad profunda, basada sobre todo en largas conversaciones. "Con Chicho se hablaba", resume. Y lo dice con una sonrisa que lo explica todo: "Chicho era mucho. Mucho, mucho. Mucho Chicho".
*Vuelve a ver Lo de Évole: Lola Herrera parte 1 y parte 2 en atresplayer.com
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