TRIPANOSOMIASIS AFRICANA

Tras 40 años sin respuesta, científicos resuelven la causa de la enfermedad del sueño

"Lo que hemos descubierto es que el secreto del parásito para mantenerse invisible no está solo en lo que produce, sino en lo que decide eliminar", señalan los autores.

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Hay enfermedades que no solo afectan al cuerpo, sino también al tiempo. La llamada "enfermedad del sueño" es una de ellas: un trastorno que desordena los ritmos más básicos del organismo hasta borrar la frontera entre estar despierto y dormir.

Conocida médicamente como Tripanosomiasis africana, esta enfermedad está causada por parásitos del género Trypanosoma brucei y se transmite a través de la picadura de la mosca tse-tsé, un insecto presente en amplias regiones del África subsahariana. Durante décadas ha sido una de las enfermedades tropicales más devastadoras, afectando a comunidades rurales con acceso limitado a diagnóstico y tratamiento. Actualmente la Organización Mundial de la Salud estima que más de 55 millones de personas viven en la zona de riesgo.

Su progresión es silenciosa al principio. Los primeros síntomas (fiebre, dolores de cabeza, malestar general) pueden confundirse fácilmente con otras infecciones. Pero el verdadero problema comienza cuando el parásito cruza la barrera que protege el cerebro. Es entonces cuando aparecen los trastornos neurológicos: desorientación, cambios de comportamiento, alteraciones del ciclo sueño-vigilia. El paciente puede quedarse dormido durante el día y permanecer despierto por la noche, en un desajuste progresivo que da nombre a la enfermedad. Sin tratamiento, el desenlace suele ser el coma y la muerte.

En las últimas décadas, los avances en salud pública han reducido de forma notable el número de casos, pero la enfermedad no ha desaparecido. Sigue siendo una amenaza activa en determinadas regiones, y su control depende de un delicado equilibrio entre vigilancia epidemiológica, acceso a fármacos y comprensión científica del parásito. Porque ahí es donde se libra la batalla más compleja.

Para sobrevivir dentro del torrente sanguíneo humano, el parásito utiliza una estrategia que roza lo invisible. Se recubre con una capa de proteínas conocidas como VSG (glicoproteínas de superficie variantes por sus siglas en inglés) que actúan como un disfraz cambiante. Cada vez que el sistema inmunitario empieza a reconocerlo, el parásito altera esa "capa" y vuelve a esconderse. Es un juego constante de camuflaje en el que, hasta ahora, siempre ganaba el parásito. Pero las reglas han cambiado. Un estudio publicado en Nature Microbiology acaba de arrojar luz sobre cómo logra hacerlo con tanta precisión.

Los autores, liderados por Joana Faria, de la Universidad de York, han identificado una proteína clave, llamada ESB2, que actúa como "trituradora molecular". Su función es tan inesperada como eficaz: eliminar partes específicas de las instrucciones genéticas del parásito justo en el momento en que se están generando.

"Lo que hemos descubierto es que el secreto del parásito para mantenerse invisible no está solo en lo que produce, sino en lo que decide eliminar – señala Joana Faria, de la Universidad de York, líder del estudio -. Al colocar esta trituradora molecular directamente dentro de su fábrica de proteínas, el parásito puede editar su manual genético en tiempo real".

Para entender la importancia de este hallazgo, hay que imaginar cómo funciona esta trituradora. Las instrucciones genéticas que permiten fabricar la capa protectora del parásito incluyen también otros genes auxiliares necesarios para su supervivencia. En teoría, deberían producirse en cantidades similares. Pero no ocurre así: el parásito genera enormes cantidades de proteínas de camuflaje y apenas unas pocas de esos componentes secundarios. Durante más de 40 años, este desequilibrio ha desconcertado a los científicos.

La clave, según el nuevo estudio, está en ESB2. Esta proteína se sitúa dentro de la "fábrica" donde se traducen las instrucciones genéticas y actúa como una cuchilla microscópica. A medida que se generan las instrucciones, ESB2 elimina selectivamente las secciones que no interesan, dejando intactas las que permiten fabricar la capa protectora. Es una edición en tiempo real, precisa y quirúrgica. Los resultados, según Faria, tendrán un importante impacto en el futuro.

Hasta ahora, muchos enfoques terapéuticos se centraban en bloquear lo que el parásito produce. Este estudio sugiere un cambio de perspectiva: quizá la clave esté en interferir en lo que destruye. Si los científicos logran alterar ese proceso de "edición" genética, podrían exponer al parásito al sistema inmunitario o desestabilizar su capacidad de adaptación.

"Esto apunta a un cambio fundamental en cómo entendemos la infección - concluye Faria -. La supervivencia de muchos organismos puede depender menos de cómo generan instrucciones genéticas y más de cómo las eliminan en su origen".

Finalmente, el hallazgo plantea una vertiente de investigación científica que rara vez es explorada: la biología no solo como construcción, sino también como selección activa mediante la destrucción.

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