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FENÓMENO CLIMÁTICO
Este fenómeno climático es capaz de modificar el tiempo en distintas partes del mundo y aumentar aún más el calor global.
El fenómeno climático de El Niño está evolucionando en el océano Pacífico más rápido de lo previsto y los científicos ya contemplan un escenario poco habitual: que termine convirtiéndose en un Súper El Niño, una de las versiones más intensas de este fenómeno natural capaz de alterar el clima en buena parte del planeta. Las últimas previsiones del Centro de Predicción Climática de la NOAA, la agencia meteorológica de Estados Unidos, apuntan a que hay una probabilidad creciente de que alcance una intensidad fuerte o muy fuerte durante los próximos meses.
Pero ¿qué significa exactamente? El Niño aparece cuando las aguas superficiales del Pacífico tropical se calientan más de lo normal, alterando los patrones de viento y desencadenando efectos en cadena sobre el clima mundial. Aunque suele repetirse cada pocos años y forma parte de la variabilidad natural del sistema climático, en sus versiones más intensas puede modificar lluvias, temperaturas y temporadas de tormentas a escala global.
Para que sea considerado un Súper El Niño, el calentamiento del océano debe superar determinados umbrales y mantenerse durante un periodo prolongado. Los expertos creen que la gran acumulación de agua cálida detectada bajo la superficie del Pacífico podría emerger en los próximos meses y reforzar el fenómeno, aumentando las probabilidades de que alcance niveles comparables a episodios históricos como los de 2015-2016 o 1997-1998.
Sus efectos pueden sentirse muy lejos del Pacífico. Un episodio fuerte de El Niño suele favorecer menos huracanes en el Atlántico tropical y el Caribe, mientras incrementa la actividad ciclónica en zonas del Pacífico. También puede alterar los monzones en Asia, intensificar sequías en algunas regiones y contribuir a elevar todavía más la temperatura media global, aumentando las posibilidades de que los próximos años entren entre los más cálidos jamás registrados.
Eso sí, los investigadores insisten en un matiz importante: aunque las señales son cada vez más claras, todavía existe incertidumbre sobre hasta dónde llegará su intensidad real y si terminará convirtiéndose en uno de los fenómenos más potentes observados hasta ahora.