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CÓMPRATE EL ADECUADO
Elegir el protector solar adecuado no solo evita quemaduras, sino que es clave para prevenir el envejecimiento prematuro y, lo más importante, el cáncer de piel.
Cada verano nos surge la misma duda cuando vamos a comprar la crema solar: ¿qué protector necesito? Las siglas SPF aparecen en todos los envases, seguidas de números que parecen un misterio. ¿Realmente importa si es SPF 10, 30 o 50? La respuesta es sí, y mucho. Elegir el protector solar adecuado no solo evita quemaduras, sino que es clave para prevenir el envejecimiento prematuro y, lo más importante, el cáncer de piel.
SPF son las siglas en inglés de Sun Protection Factor, o Factor de Protección Solar. Indica el tiempo adicional que puedes estar expuesto al sol sin quemarte, en comparación con no usar protector.
Por ejemplo, si una persona empieza a quemarse tras 10 minutos al sol sin protección, un SPF 30 te permitirá estar 30 veces ese tiempo, es decir, unas cinco horas. Pero mucho cuidado: esto es solo en condiciones de laboratorio. En la vida real, el sudor, el agua, la cantidad aplicada y otros factores reducen ese tiempo, por lo que es imprescindible reaplicar cada dos horas (o antes).
La diferencia entre los niveles de SPF radica en la cantidad de protección UVB que ofrecen:
No todas las pieles reaccionan igual al sol. La elección del SPF depende de tu fototipo, es decir, tu tipo de piel y su capacidad para broncearse o quemarse:
Además del SPF, busca "amplio espectro", que indica que el protector también protege contra los rayos UVA, responsables del envejecimiento y el daño celular profundo. Y si te vas a bañar, asegúrate de que sea resistente al agua.