GEOLOGÍA

¿Puede predecirse un terremoto? La ciencia sabe dónde ocurrirán, pero no cuándo

Los científicos pueden identificar las zonas con mayor riesgo sísmico y estudiar las fallas que acumulan tensión, pero hoy por hoy no existe ningún método capaz de decir el día y la hora exactos de un terremoto.

Cada vez que un gran seísmo sacude una región del planeta como el reciente ocurrido en Venezuela, una de las preguntas que más se repite es si se podría haber previsto. Lo cierto es que la ciencia ha avanzado mucho en el conocimiento de estos fenómenos, pero predecir un terremoto con precisión sigue siendo uno de los grandes retos de la geología.

Los terremotos se producen por el movimiento de las placas tectónicas, grandes bloques de la corteza terrestre que se desplazan constantemente. En algunas zonas, estos movimientos generan tensión en las fallas, unas fracturas del terreno donde las rocas pueden quedar bloqueadas durante años acumulando energía. Cuando esa presión supera la resistencia de la roca, la falla se rompe y esa energía se libera en forma de ondas sísmicas.

El problema es que ese proceso ocurre a kilómetros de profundidad y depende de numerosos factores que los científicos todavía no pueden medir completamente. Dos fallas pueden estar sometidas a fuerzas similares y, aun así, romperse en momentos completamente diferentes.

Lo que sí puede hacer la ciencia es detectar qué zonas tienen mayor probabilidad de sufrir terremotos. Para ello, los investigadores estudian las fallas activas, el movimiento de las placas tectónicas, los terremotos registrados en el pasado y la cantidad de tensión que se acumula en una región.

Gracias a estos estudios sabemos que lugares como Japón, Chile, Turquía o la costa oeste de Estados Unidos tienen un alto riesgo sísmico, ya que se encuentran en zonas donde las placas están en constante interacción. En España, por ejemplo, el mayor riesgo se concentra en áreas como Granada, Murcia, Almería o los Pirineos.

Pero saber dónde puede ocurrir un terremoto no significa saber cuándo llegará. Una falla puede permanecer aparentemente tranquila durante mucho tiempo antes de liberar la energía acumulada.

Aun así, la tecnología sí permite algo que hace unas décadas era imposible: los sistemas de alerta temprana. Estos dispositivos no predicen los terremotos antes de que ocurran, pero pueden detectar las primeras ondas generadas por el movimiento y enviar avisos con unos segundos de antelación para reducir daños.

Por eso, el objetivo actual de los científicos no es adivinar el próximo terremoto, sino entender mejor cómo funcionan las fallas y preparar a las poblaciones para que, cuando la Tierra vuelva a moverse, sus consecuencias sean menores.