MISTERIOS DEL ESPACIO
¿Por qué no hemos recibido la visita de extraterrestres? La ciencia tiene la respuesta
La desclasificación de cientos de casos OVNI por parte del gobierno de Estados Unidos y el estreno de la nueva película de Spielberg sobre vida extraterrestre han reavivado el debate: hoy, alrededor de un tercio de la población cree que los aliens ya están aquí. Sin embargo, la ciencia plantea varios obstáculos que hacen muy improbable esa visita.
El interés por los extraterrestres vive un nuevo repunte. Entre la publicación de archivos militares sobre Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP) que se remontan a la década de 1940 y el estreno de Disclosure Day, lo cierto es que cada vez más personas creen que estamos siendo visitados desde otros mundos. Pero ¿qué dice la ciencia al respecto? Según los expertos, existen al menos tres razones de peso por las que es muy poco probable que haya naves alienígenas recorriendo nuestro espacio, aunque eso no significa que la vida extraterrestre no exista en algún lugar del universo.
1. El espacio es demasiado grande
La distancia es el primer gran obstáculo. La estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri, está a unos 40 billones de kilómetros de la Tierra, es decir, 4,3 años luz. Para hacerse una idea de la magnitud: nuestra sonda más rápida hasta la fecha, la Parker Solar Probe, viaja a unos 191 km por segundo, apenas un 0,064% de la velocidad de la luz. A ese ritmo, tardaríamos cerca de 6.650 años solo en llegar a la estrella vecina.
Y aunque consiguiéramos viajar a velocidades cercanas a la de la luz, surge otro problema: la dilatación del tiempo, un efecto descrito por Einstein según el cual el tiempo transcurre más lento para un objeto en movimiento. Ya se ha observado a pequeña escala: el astronauta Scott Kelly volvió de un año en la Estación Espacial Internacional unos milisegundos más joven que su hermano gemelo. Para unos hipotéticos viajeros interestelares, este efecto sería muchísimo mayor, regresando a un planeta de origen envejecido décadas o incluso siglos.
2. La energía necesaria sería inimaginable
Cuanto más se acerca un objeto a la velocidad de la luz, mayor es la energía necesaria para seguir acelerándolo, hasta volverse, en términos prácticos, infinita. A eso se suma que el espacio, aunque parece vacío, contiene partículas dispersas (como átomos de hidrógeno) que a esas velocidades se convertirían en radiación capaz de dañar a los pasajeros o destruir la nave por el calor generado. El físico Miguel Alcubierre planteó hace años un posible método de viaje más rápido que la luz, pero también requeriría una cantidad de energía que hoy resulta inalcanzable.
3. Nuestra biosfera es única
La vida en la Tierra se desarrolló de la mano de su atmósfera. Hace 2.400 millones de años, unas bacterias llamadas cianobacterias comenzaron a liberar oxígeno, el elemento que hizo posible la vida compleja tal y como la conocemos. Ese mismo oxígeno, sin embargo, es altamente reactivo y podría resultar tóxico o corrosivo para una forma de vida que haya evolucionado en otras condiciones. Y aunque unos visitantes extraterrestres podrían protegerse con trajes especiales, los relatos de avistamientos no suelen incluir ese tipo de equipamiento.
Pero, ¿hay vida ahí fuera?
Aunque todo apunta a que no estamos siendo visitados, la pregunta de si existe vida en otros lugares del universo sigue abierta. Se han identificado ya más de 6.200 exoplanetas en más de 4.700 sistemas solares, y con más de 100.000 millones de estrellas solo en nuestra galaxia, las posibilidades son innumerables. Más cerca, en nuestro propio sistema solar, Marte, Europa (luna de Júpiter), Encélado y Titán (lunas de Saturno) son considerados candidatos con potencial para albergar microorganismos.
Desde 1960, proyectos como el del Instituto SETI o Breakthrough Listen escuchan el espacio en busca de señales de inteligencia extraterrestre. De momento, sin resultados. Pero como recordaba ya un estudio publicado en la revista Nature en 1959, si no buscamos, las probabilidades de encontrar algo se reducen directamente a cero.