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MEMORIA
Antiguas teorías sugerían que estas aves seguían a los lobos durante sus capturas para beneficiarse de la carne sobrante. Un nuevo estudio señala que los cuervos recuerdan las zonas de cacería y regresan a ella cada vez que desean sus restos.
Cuando una manada de lobos caza a su presa, los primeros en llegar suelen ser los cuervos, y poco antes de que los depredadores hayan podido hincarle el diente, estas aves ya hacen cola para aprovecharse de las trozos de carne restante. Su rapidez para localizarlos sugiere que pueden ser vigilados.
Un estudio internacional publicado en la revista Science muestra que estos carroñeros recuerdan el lugar en el que los lobos se alimentan de sus víctimas y tienden a regresar a esas zonas aunque se encuentren a varios kilómetros de distancia.
Según explica el primer autor del trabajo e investigador de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena (Austria), Matthias Loretto, estas aves pueden volar seis horas sin descanso hasta llegar a la zona donde se encuentra la presa. Asimismo, "parecen tener buena memoria, por lo que no necesitan seguir de forma constante a los lobos para beneficiarse de ellos", afirma.
Los científicos estudiaron el comportamiento de ambos animales en el Parque Nacional de Yellowstone (Estados Unidos) y observaron que estos ovíparos son capaces de emplear la memoria espacial y el sentido de la orientación para encontrar comida dispersa en el paisaje.
Durante dos años, los expertos monitorizaron a los lobos gracias a collares de seguimiento y vieron que los cuervos suelen buscar la compañía de estos cánidos. "Se les ve revoloteando sobre las manadas mientras cazan", relata el biólogo de la reserva natural estadounidense, Dan Stahler.
Para estas aves resulta una estrategia de alimentación muy rentable ya que los lobos siempre generan restos que pueden aprovechar. "Asumíamos que las aves tenían una regla muy simple: mantenerse cerca de ellos", expresa el científico, "pero no sabíamos de lo que eran capaces porque nadie las había puesto en el centro".
Con el propósito de entender el comportamiento de estos ovíparos, los investigadores colocaron pequeños dispositivos de rastreo a 69 cuervos. Al principio fue complicado porque "observan tan a menudo el paisaje que no caen en las trampas fácilmente", apunta el primer autor. Para capturarlos, tuvieron que adaptar la configuración de las trampas al entorno y camuflarlas para que no sospecharan.
Después de dos años y medio de seguimiento, los investigadores solo hallaron un caso en el que un cuervo siguió a un lobo durante más de un kilómetro o más de una hora. "Al principio, nos quedamos alucinados", afirma Loretto. "Pero una vez que nos dimos cuenta de que estas aves no seguían a los lobos durante largas distancias, no pudimos explicar por qué llegaban tan rápido a las presas de estos cazadores".
Un análisis detallado de los datos reveló que, en lugar de seguirlos directamente, los cuervos volvían repetidamente a las zonas donde cazaban los lobos. Algunos de ellos volaban 155 kilómetros al día y se movían por rutas potenciales para hallar alimento, aunque no supieran el momento exacto de la cacería.
De forma habitual, las presas se encontraban en zonas concretas como valles llanos, donde los lobos cazaban con más éxito, y los investigadores vieron que las aves solían visitar las zonas con un historial de cacería más frecuente. Concluyeron que estos ovíparos aprendían y recordaban los lugares de buena cacería a largo plazo.
"Sabíamos que los cuervos podían recordar fuentes de alimento estables, como los vertederos", dice Loretto. Sin embargo, "nos sorprendió conocer que también parecen aprender en qué zonas tienen más éxito los lobos. Una sola presa es impredecible, pero con el tiempo algunas partes del paisaje son más productivas que otras, y los cuervos utilizan ese patrón en su beneficio", argumenta el experto.
Los autores del estudio no descartan que los cuervos sigan a estos cánidos durante distancias cortas y sugieren que utilizan señales de corto alcance, como observar su comportamiento o escuchar sus aullidos.
Sin embargo, el patrón queda claro, apunta Loretto, primero emplean la memoria y después la señales. El líder del estudio e investigador en la Universidad de Washington, John Marzluff, destaca la flexibilidad de los cuervos a la hora de decidir dónde alimentarse. "No se quedan vinculados a una manada en particular. Gracias a sus agudos sentidos y a su memoria de los lugares donde se han alimentado en el pasado, pueden elegir entre muchas opciones a lo largo y ancho del paisaje".
Referencia
Loretto, M. et al. Ravens anticipate wolf kill sites across broad scales. Science. 2026