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La catedral abandonada de Francia a la que solo se llega cruzando una pasarela sobre el mar

A pocos kilómetros de Montpellier, una antigua catedral permanece rodeado de viñedos, lagunas y una playa virgen de 9 kilómetros.

La península de Maguelone, en el sur de Francia, fue durante siglos una isla y hoy se llega a ella cruzando una pasarela sobre el Canal du Rhône à Sète. En este terreno, surgido sobre un antiguo volcán entre el mar y las lagunas, se levanta la Cathédrale Saint-Pierre-et-Saint-Paul, un templo románico del siglo XII con aspecto de fortaleza.

El acceso a la península, el parque y la catedral es gratuito y está abierto todos los días del año (de 9:00 a 19:00 horas entre mayo y septiembre, y hasta las 18:00 el resto del año). Entre abril y mediados de septiembre, hay que dejar el auto en el estacionamiento de Prévost y tomar un trenecito gratuito hasta la catedral; el resto del año se puede aparcar directamente junto al lugar.

Más allá del templo, el entorno es parte del atractivo: viñedos de renombre ocupan buena parte del terreno, y una playa natural sin construcciones se extiende por 9 kilómetros, accesible a pie, en bicicleta o en el pequeño tren habilitado en temporada estival. La zona también es refugio de fauna local (comadrejas, conejos, zorros) y de aves migratorias.

Detrás de este paisaje hay una historia de idas y vueltas: el enclave fue habitado desde tiempos paleolíticos, cayó en el olvido durante siglos y resurgió en el siglo XI como territorio pontificio, viviendo su época de mayor esplendor como sede episcopal. En el siglo XVI, al trasladarse el obispado a Montpellier, Maguelone quedó nuevamente abandonada, aunque su legado como feudo y refugio papal se mantuvo intacto.

Hoy, dentro de la catedral aún pueden verse las tumbas de algunos obispos que habitaron el lugar, junto a una nave iluminada por luz natural y una arquitectura sobria que contrasta con el poder político y económico que tuvo este enclave durante la Edad Media.