SUIZA
Todo sobre el Palacio de las Naciones de Ginebra: ¿sabías que esconde una cápsula del tiempo bajo sus cimientos?
Viajamos hasta Ginebra, en Suiza, para conocer todos los detalles que esconde el impresionante Palacio de las Naciones.
Es el momento más que perfecto para poner rumbo a Suiza, concretamente hasta Ginebra. En esa ciudad, en pleno Parque Ariana, podemos encontrarnos con el Palacio de las Naciones. Se trata de un impresionante complejo que, en la actualidad, funciona como la sede europea de la Organización de las Naciones Unidas. Cada año, en sus salas se celebran alrededor de 8.000 reuniones, entre ellas unas 600 conferencias de gran relevancia, y abre sus puertas a cerca de 100.000 visitantes que recorren algunas de sus zonas accesibles al público. ¡Algo verdaderamente espectacular!
Palacio de las Naciones de Ginebra, a través de su historia
Para conocer el origen de este edificio, debemos tener en cuenta la creación de la Sociedad de Naciones, el 10 de enero de 1920. Seis años más tarde se convocó un concurso para levantar su sede definitiva, pero el jurado se topó con un problema inesperado. Y es que, ante 377 propuestas presentadas, fue incapaz de decantarse por una sola. La solución pasó por reunir a cinco arquitectos de distintas nacionalidades: el italiano Carlo Broggi, el suizo Julien Flegenheimer, los franceses Camille Lefèvre y Henri-Paul Nénot, y el húngaro Joseph Vago, para que diseñaran juntos un proyecto común. Así pues, el 7 de septiembre de 1929 se colocó la primera piedra de un edificio de líneas neoclásicas.
Las obras avanzaron por etapas: en 1933 la secretaría de la Sociedad de Naciones ya pudo instalarse en la parte construida y, tres años después, prácticamente todo el personal se trasladó a un edificio prácticamente terminado, cuyo interior conserva aún buena parte de los materiales donados por los países miembros. Un detalle verdaderamente sorprendente y curioso quedó sepultado bajo los cimientos. ¿A qué nos referimos, exactamente? A una cápsula del tiempo con la lista completa de los miembros de la organización, una copia de sus documentos fundacionales y una moneda de cada país miembro. Hay que mencionar que, por aquel entonces, la Sociedad de Naciones atravesaba ya una crisis de legitimidad que resultaría irreversible y que terminaría con su disolución en 1945.
Pero no todo quedó ahí, puesto que la creación de las Naciones Unidas ese mismo año, como heredera de la organización extinta, trajo consigo la cesión del edificio y sucesivas ampliaciones. El edificio K sumó tres plantas entre 1950 y 1952, mientras que el edificio D se levantó para dar cobijo temporal a la Organización Mundial de la Salud. No podemos dejar de mencionar que, entre los años 1968 y 1973, se sumó el edificio E, pensado como centro de conferencias. El resultado final es un complejo de 600 metros de longitud, con 34 salas de conferencia y 2.800 oficinas.
El palacio alberga también piezas artísticas de peso. Un claro ejemplo lo podemos encontrar en el edificio principal, donde puede verse la "Escultura por la no proliferación de las armas nucleares", del artista Clemens Weiss, donada por Alemania en 1996. Eso sí, probablemente la intervención más singular llegó en 2008, cuando el artista español Miquel Barceló reconstruyó por completo la cúpula de la sala de conferencias XX, un regalo de España a la organización. Aquella sala, en la actualidad conocida por su cúpula policromada, es desde entonces el escenario donde se reúne el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.