VERANO 2026
La curiosa procesión gallega en la que los participantes recorren el pueblo dentro de ataúdes
Pontevedra vive una de las romerías más singulares de España. En As Neves, Galicia, la Romería de Santa Marta de Ribarteme reúne cada año a fieles que desfilan dentro de ataúdes para agradecer haber sobrevivido a la muerte.
Cada 29 de julio, el pequeño pueblo de Santa Marta de Ribarteme, en el municipio pontevedrés de As Neves, protagoniza una de las tradiciones más singulares de Galicia y de España: una procesión en la que, junto a la cruz alzada y las imágenes de Santa Marta, San Benito y la Virgen del Carmen, desfilan varios féretros que llevan dentro a personas vivas.
Una fiesta con raíces medievales
La romería de Santa Marta de Ribarteme tiene raíces medievales y hoy es conocida popularmente como la Romería de los Ataúdes. Cada año, miles de personas llegan hasta este pequeño pueblo de Pontevedra para presenciar la procesión de los ataúdes en honor a Santa Marta de Ribarteme.
¿Por qué se recorre el pueblo dentro de un ataúd?
Quienes participan dentro de un féretro lo hacen por uno de dos motivos: para agradecer la vida cuando han estado cerca de la muerte, o para pedir el milagro de la curación. Cuando los "ofrecidos" son niños, sus ataúdes blancos —símbolo del alma limpia y en paz— van vacíos y cerrados.
Antiguamente, los ataúdes usados en la procesión pertenecían a la iglesia y se guardaban en la Casa de la Santa, un edificio anexo a la parroquia, y los devotos podían "alquilar" un féretro a cambio de un donativo o llevar el suyo propio. Algunos "ofrecidos" optan por ir en ataúdes abiertos, a la vista de todos, mientras que otros prefieren cerrarlos para intensificar el simbolismo de la experiencia.
Cómo se vive el momento de la procesión
Al salir de la iglesia, redoblan los tambores y las campanas tocan a muerto, mientras devotos y curiosos guardan silencio en señal de respeto. Durante todo el recorrido, los fieles portan velas encendidas, y muchos de los oferentes van descalzos, de rodillas o cubiertos con una especie de tul blanco a modo de mortaja.
Al terminar el recorrido, los creyentes regresan al templo, donde dejan los ataúdes y la imagen de la santa, y cierran la celebración con música tradicional, baile y platos típicos de la zona como el pulpo a la gallega, el churrasco y el vino.