GALICIA
El pueblo gallego que fue el puerto de Santiago de Compostela y hoy es la "capital del berberecho"
Con apenas 14.000 habitantes, esta villa marinera gallega combina la mejor tradición marisquera del país con un patrimonio medieval que pocos conocen.
En cada comunidad autónoma de España es popular un plato o un producto, por ejemplo, en Soria encontramos un pueblo medieval que es conocido como "el paraíso de los torreznos". Y como no podía ser de otra manera, en Galicia prima el marisco.
Pero hoy concretamente vamos a hablaros de un molusco en particular y de un pueblo que se ha ganado tenerlo en su "apodo". Considerado uno de los mariscos más apreciados por su sabor intenso y su textura, el berberecho tiene su gran epicentro en Noia, un municipio coruñés situado a unos 40 kilómetros al suroeste de Santiago de Compostela, en el punto más alto de la ría de Muros y Noia.
Con algo más de 14.000 habitantes, Noia debe su fama marisquera a los arenales de sus playas de arena blanca, donde los sedimentos que arrastran los ríos hasta la ría crean las condiciones perfectas para el crecimiento del berberecho.
Se puede pescar desde finales de septiembre hasta marzo. Junto al berberecho, las almejas, las navajas y el pulpo completan la oferta marisquera del pueblo, que puede degustarse en cualquiera de sus marisquerías tradicionales.
Noia es mucho más que marisco
Fundada hacia los siglos V y VI, la localidad fue durante siglos el puerto de la capital gallega, convirtiéndose en uno de los principales enclaves comerciales de la zona. Su casco histórico, catalogado como Bien de Interés Cultural, conserva ese aire medieval en cada rincón, con un paseo marítimo desde el que contemplar la ría.
Entre sus monumentos destaca la Iglesia de San Martiño, declarada Monumento Nacional en 1931. Construida a mediados del siglo XV en estilo gótico, sorprende por su fachada decorada con los 12 apóstoles y por una de sus torres, que quedó inacabada: cuenta la leyenda que quien intente completarla sufrirá un final trágico.
Cerca de allí se encuentra la iglesia de Santa María la Nueva, del siglo XIV, situada en pleno cementerio del pueblo. En su interior guarda un tesoro poco común: una colección de más de 500 lápidas sepulcrales pertenecientes a distintos gremios y estatus sociales, datadas entre los siglos XIV y XIX. Su excelente estado de conservación convierte este conjunto en algo prácticamente único en el mundo.