MÉXICO

Monumento a la Revolución de Ciudad de México: ¿sabías que en su interior existen criptas?

Viajamos hasta Ciudad de México para conocer todos los secretos que esconde el espectacular Monumento a la Revolución.

Monumento a la Revolución de Ciudad de MéxicoImagen de Haakon S. Krohn, licencia: CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Es el momento más que perfecto para poner rumbo a Ciudad de México, donde podemos toparnos con un gran número de construcciones y monumentos verdaderamente espectaculares. Un claro ejemplo lo encontramos, precisamente, en el Monumento a la Revolución. Situado en el corazón de la ciudad, se ha convertido en todo un emblema de memoria histórica, pero también de transformación urbana. Es más, en la actualidad, estamos ante uno de los espacios más representativos de la capital de México.

Monumento a la Revolución de Ciudad de México, a través de su historia

Para conocer su origen debemos viajar a finales del siglo XIX, cuando el presidente Porfirio Díaz decidió promover la construcción de un Palacio Legislativo Federal para concentrar las cámaras y las dependencias gubernamentales. Después de un concurso fallido, fue el arquitecto francés Émile Bénard el encargado de proyectar un edificio monumental en terrenos situados cerca del Paseo de la Reforma.

La primera piedra se colocó el 23 de septiembre de 1910 en plenas celebraciones del centenario de la Independencia. A pesar de todo, como consecuencia de la complejidad del terreno, se tuvo que levantar una base de unos 17.000 pilotes para que pudiese sostener una imponente estructura metálica que fue fabricada en Estados Unidos.

Por si fuera poco, las obras se detuvieron tras el estallido de la Revolución mexicana. Aunque el gobierno de Francisco I. Madero trató de seguir adelante con este proyecto, su asesinato hizo que esta obra quedase en el abandono. Es más, durante más de una década, la estructura quedó expuesta al deterioro, hasta tal punto que se planteó la opción de desmantelarla y reutilizar el acero para vías de tren.

Todo cambió en 1933, cuando el arquitecto Carlos Obregón Santacilia hizo una propuesta, que era la de reutilizar la parte central para erigir un monumento a la Revolución. Aunque en un principio se descartó la idea, acabó siendo aprobada. Así pues, entre 1933 y 1938, la estructura se transformó en el monumento actual, donde destacan su cúpula y el contraste entre la piedra volcánica y la de cantera clara.

Detalle del Monumento a la Revolución de Ciudad de México | Imagen de ProtoplasmaKid, licencia: CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

No podemos dejar de mencionar los sorprendentes grupos escultóricos de Oliverio Martínez, donde representó la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias e, incluso, las Leyes Obreras. El conjunto se integró con la Plaza de la Republica y, posteriormente, con el Museo Nacional de la Revolución. Con el paso del tiempo, este lugar ha sido escenario de numerosos actos públicos, así como celebraciones y manifestaciones sociales.

Por lo tanto, inevitablemente, se ha consolidado como un punto neurálgico de la vida política y cultural de Ciudad de México. En 2010, con motivo del centenario de la Revolución, el monumento fue objeto de una profunda restauración. Es más, se rehabilitaron sus materiales originales y se modernizaron sus instalaciones.

Tanto es así que se incorporó un ascensor que permite acceder al mirador. Desde 1936, el monumento también funciona como Mausoleo. De hecho, en sus criptas, encontramos personajes clave de la historia de México, como son Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas y Francisco Villa. Por lo tanto, este Monumento a la Revolución, se ha convertido en un espacio donde la historia, la identidad nacional y la memoria convergen a la perfección.

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