SALAMANCA

Un antiguo palacio, un convento y seis siglos de historia: el tesoro oculto de Salamanca

Ponemos rumbo a la preciosa ciudad de Salamanca para conocer el origen del espectacular Convento de las Dueñas.

Convento de Dueñas Imagen de Zarateman, licencia de dominio público CC0, via Wikimedia Commons

En el casco histórico de Salamanca, entre la piedra dorada de sus monumentos más célebres, podemos encontrarnos con un enclave que ha pasado a la historia por su claustro y por su vocación de retiro. Nos referimos, como no podía ser de otra manera, al convento de Santa María, que los salmantinos conocen desde siempre como Las Dueñas. Se trata de un cenobio femenino de la orden dominica que, tras sus muros, conserva la huella de más de seis siglos de vida religiosa.

Convento de las Dueñas de Salamanca, a través de su historia

Para comenzar, debemos tener en cuenta que el origen del convento arranca en 1419, cuando Juana Rodríguez de Monroy, esposa de Fernando Alfonso de Olivera, decidió fundar una comunidad religiosa en las casas donde vivía. Aquellas dependencias no eran una vivienda cualquiera, puesto que las había mandado construir su primer marido, Juan Sánchez de Sevilla, que desde 1390 ejerció como contador mayor de Castilla, un cargo de enorme relevancia en la administración del reino.

El propósito de la fundadora era crear un beaterio, un espacio donde pudieran retirarse mujeres de la nobleza. De ahí le vino al lugar el nombre popular con el que aún hoy se le conoce, ya que el pueblo de Salamanca lo bautizó como el convento de las Dueñas. Con la donación autorizada a finales de ese mismo año, las religiosas dominicas no tardaron en instalarse en el palacio mudéjar de finales del siglo XIV. Aquel edificio civil se transformó así, casi de inmediato, en una casa de oración.

Claustro del Convento de Dueñas | Imagen de Rodrigo Gil de Hontañón, licencia: CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Es importante tener en cuenta que, aunque el convento ha sido ampliado y reformado con el paso del tiempo, todavía pueden rastrearse en él vestigios de su origen palaciego. El más llamativo es un arco de herradura apuntado que está situado en el claustro superior. Por si fuera poco, está realizado en ladrillo y cuenta con chambrana, y en sus enjutas se combinan azulejos negros y verdes con otros blancos, un juego de colores característico de la decoración mudéjar.

Otra estancia que conserva el aire de aquella primera casa es el dormitorio del noviciado, que probablemente fue la cámara principal de la vivienda. Tiene planta cuadrada, pavimento de azulejo y dos puertas de yesería que aún hablan del refinamiento del antiguo palacio. Eso sí, el gran cambio arquitectónico llegó en 1533, cuando se levantaron el templo y el claustro. Estas construcciones no borraron lo anterior, sino que se superpusieron a lo ya edificado, de modo que en el conjunto conviven capas de épocas distintas.

Convento de Dueñas | Imagen de Alexkom000, licencia: CC BY 4.0, via Wikimedia Commons

La iglesia es obra del fraile dominico fray Martín de Santiago. Presenta una sola nave de estilo gótico, cubierta por siete bóvedas de crucería de terceletes. El espacio culmina en un ábside presidido por un retablo barroco, una combinación que muestra cómo el edificio siguió enriqueciéndose con el gusto de cada época. En la actualidad, el convento de las Dueñas sigue siendo un ejemplo de cómo un antiguo palacio pudo convertirse en hogar de una comunidad religiosa y, con los siglos, en uno de los rincones con más carácter de la ciudad.