GASTRONOMÍA
Los destinos españoles donde mejor se come en verano: diez escapadas para disfrutar con todos los sentidos
Hay viajes que se recuerdan por sus playas o paisajes y otros que permanecen en la memoria por cada bocado. Estos destinos españoles reúnen ambas cosas.
Hay quienes organizan sus vacaciones alrededor de una playa paradisíaca o de un monumento imprescindible. Otros, en cambio, eligen el destino pensando en lo que encontrarán sobre la mesa. España ofrece la suerte de combinar ambas cosas: lugares con paisajes espectaculares donde la gastronomía es un atractivo más del viaje.
Desde pequeños pueblos marineros hasta ciudades con una de las mejores ofertas culinarias del país, estos diez destinos son perfectos para quienes creen que descubrir un lugar también pasa por probar sus sabores.
San Sebastián (Guipúzcoa)
Hablar de gastronomía en España es hablar de San Sebastián. La ciudad vasca presume de una de las mayores concentraciones de restaurantes con estrella Michelin del mundo, pero no hace falta reservar en un establecimiento de alta cocina para disfrutar.
Recorrer la Parte Vieja saltando de bar en bar para probar pintxos es casi una obligación. Gilda, txangurro, bacalao, tortilla o una buena tarta de queso convierten cualquier paseo en una experiencia gastronómica.
Cádiz
El verano sabe especialmente bien en Cádiz. Su cocina gira alrededor del Atlántico y del producto fresco, con pescados y mariscos como grandes protagonistas.
Las tortillitas de camarones, el pescaíto frito, el atún rojo de almadraba o unas papas aliñás frente al mar son algunos de los imprescindibles para entender la cocina gaditana.
Santiago de Compostela (A Coruña)
Galicia siempre es una apuesta segura para comer bien, pero Santiago reúne algunos de sus mejores productos.
Pulpo á feira, empanada gallega, mariscos, pimientos de Padrón o una buena tarta de Santiago forman parte de una oferta gastronómica que combina tradición y cocina contemporánea.
Dénia (Alicante)
Pocas localidades mediterráneas han convertido tanto la gastronomía en una seña de identidad. Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO, Dénia es famosa por la gamba roja y por una cocina muy ligada al mar.
Los arroces, el suquet de pescado o la tradicional coca forman parte de una oferta que se disfruta especialmente durante los meses de verano.
Logroño (La Rioja)
Aunque muchos la asocian al otoño, el verano también es un gran momento para descubrir Logroño.
La calle Laurel se convierte en un auténtico recorrido gastronómico donde cada bar presume de una especialidad distinta, acompañada por algunos de los vinos más reconocidos del país.
Llanes (Asturias)
Entre playas espectaculares y acantilados también hay tiempo para sentarse a la mesa.
Fabes, cachopo, pescados del Cantábrico, quesos artesanos y sidra convierten cualquier comida en uno de los grandes recuerdos del viaje.
Sevilla
Las noches de verano invitan a disfrutar de las terrazas y del tapeo.
Espinacas con garbanzos, carrillada, montaditos, salmorejo o pescaíto frito forman parte de una gastronomía ideal para compartir mientras cae el sol.
Ribeira Sacra (Galicia)
Además de sus espectaculares cañones y viñedos, la Ribeira Sacra ofrece una cocina profundamente ligada al territorio.
Carnes, empanadas, quesos artesanos y vinos con denominación de origen convierten la escapada en una experiencia completa.
Menorca
La isla balear es mucho más que calas de agua cristalina.
La caldereta de langosta, la sobrasada, el queso Mahón-Menorca o la pomada forman parte de una gastronomía que refleja la identidad mediterránea de la isla.
Getaria (Guipúzcoa)
Pequeño, marinero y con una enorme tradición gastronómica.
Aquí el protagonista es el pescado a la parrilla, especialmente el rodaballo y el besugo, acompañados por un vaso de txakoli con vistas al Cantábrico.
Un viaje que también se disfruta con el paladar
Viajar no consiste únicamente en descubrir monumentos o paisajes. Cada receta cuenta parte de la historia de un lugar, de sus tradiciones y de quienes lo habitan
Por eso, estos destinos demuestran que algunas de las mejores vacaciones empiezan mucho antes de llegar a la playa: empiezan sentándose a la mesa.