ESCAPADA DE OCTUBRE
El pueblo de Girona que nació entre tres ríos, con un castillo del siglo X vigilando desde las alturas
Con apenas 1.800 habitantes, este rincón reúne puentes medievales, arquitectura pirenaica y un tren cremallera declarado Patrimonio Industrial de Cataluña.
Ribes de Freser, en Girona, es uno de esos pueblos donde el agua lo ha sido todo. La confluencia de tres ríos (el Freser, el Rigard y el Segadell) divide y abraza el casco urbano en un entramado de puentes de piedra, miradores y senderos de alta montaña.
Situado a 912 metros de altitud, es la capital histórica de la Vall de Ribes y se integra dentro del Parque Natural de las Capçaleres del Ter i del Freser.
Un pueblo nacido de tres ríos
La confluencia del Freser, el Rigard y el Segadell no es un detalle decorativo: es la razón de ser del pueblo. Su encuentro le da al núcleo urbano una silueta característica en forma de "Y", y convirtió a Ribes de Freser en un cruce de caminos natural entre los valles de Freser, Toses y Pardines, además de puerta de entrada hacia el antiguo condado de la Cerdanya.
Esa posición estratégica explica por qué proliferaron aquí construcciones defensivas como el Castillo de San Pedro o el vecino Castillo de Segura: quien controlaba este cruce de ríos, controlaba el paso hacia la montaña.
Cada río tiene también su propio puente histórico: el Puente de Ribes cruza el Rigard, y el Puente de Coma salva el Segadell, además de los que cruzan el Freser en pleno casco urbano.
Iglesias, puentes y arquitectura pirenaica
Cerca del castillo se encuentra la Iglesia Parroquial de Santa María, del siglo XI y origen románico. Fue destruida casi por completo durante la Guerra Civil española y reconstruida después, aunque conserva parte de su estructura original.
Recorrer el pueblo es caminar por su trazado medieval, entre construcciones de piedra volcánica, pizarra y hierro forjado. El paseo incluye el Pont de Cerdanya, del siglo XIX, y varios puentes medievales de arco de medio punto que cruzan las confluencias de los ríos.
El famoso Tren Cremallera
Uno de los grandes atractivos de Ribes de Freser es el Tren Cremallera de Vall de Núria, con 95 años de historia y uno de los dos que operan en Cataluña.
Está diseñado para superar más de 1000 metros de desnivel entre Ribes de Freser y el Valle de Núria, sin necesidad de carreteras, y es el único medio de transporte para llegar hasta el Santuario de la Virgen de Núria. Está declarado Patrimonio Industrial de Cataluña.
El agua que dio fama a Ribes de Freser
La abundancia y calidad del agua de esta confluencia no pasó desapercibida. Desde finales del siglo XIX, Ribes de Freser vivió una pequeña revolución industrial ligada a sus aguas: junto a fábricas de papel y colonias textiles, se instalaron balnearios y embotelladoras que aprovechaban sus manantiales minerales.
La más conocida es Aigua de Ribes, una marca de agua mineral que todavía hoy se embotella en el pueblo, y que en su momento convirtió a Ribes de Freser en un destino de moda para la burguesía catalana, que viajaba hasta aquí a "tomar las aguas" siguiendo la tradición termal de la época.
Ribes de Freser en otoño
El otoño es, además, una de las mejores épocas para visitar Ribes de Freser: los bosques de la Vall de Ribes se tiñen de tonos ocres y dorados, el clima de montaña se vuelve más fresco y agradable para caminar, y el pueblo recupera la tranquilidad tras el verano, ideal para recorrer sus puentes y su casco histórico sin aglomeraciones.
Una escapada perfecta para combinar patrimonio, naturaleza y un paseo en el Tren Cremallera antes de que llegue el frío del invierno.