Reseña de '¿Qué pasó con la democracia liberal?', de Daron Acemoglu

Este Premio Nobel de Economía quiere rescatar de su agonía a la democracia liberal con este ensayo

Daren Acemoglu

Traducción: Marta Valdivieso

Editorial: Deusto

Año de publicación original: 2026

El economista turco Daren Acemoglu, premio nobel en 2024, analiza en ¿Qué pasó con la democracia liberal? las causas que han provocado la crisis de la democracia y plantea cómo poder reconstruirla.

Vivimos en un momento convulso, en el que las instituciones están en crisis. Los autoritarismos están viviendo una época dorada que no disfrutaban desde los años 30 del siglo pasado. Las figuras de Hitler, Mussolini o Franco están siendo ensalzadas por jóvenes que ni se imaginan cómo fue vivir bajo sus regímenes.

Pero esta crisis política no la vio venir casi nadie. Hace unos pocos años la democracia liberal parecía haberse impuesto de manera generalizada. Con la caída del comunismo, incluso los países del este de Europa se lanzaron a asumir una forma de gobierno que, ya escorada a la derecha como en Estados Unidos o a la izquierda como en buena parte de Europa, prometía un desarrollo económico y social permanente.

El tiempo ha demostrado que nada es para siempre y el sistema, ahora mismo parece agotado. Pero, ¿por qué? ¿Qué ha ocurrido a lo largo de los últimos 150 años para que la democracia haya pasado de ser el mejor sistema político posible a un sistema superado por la realidad?

Los años dorados de la democracia liberal

A principios del siglo XX y, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial en casi todo occidente, las clases más bajas, que no habían tenido acceso al voto formaban parte del electorado. Se les prometió lo que no tenían: sanidad, limpieza, educación y eso marcaba los votos que se depositaban en las urnas.

Crecieron los servicios públicos como el alcantarillado. Las casas empezaron a contar con baños, fontanería, frigoríficos. Mejoraron los transportes, las carreteras. Se abrían nuevas oportunidades económicas.

Se construyeron hospitales, mejoró la sanidad. Se protegió a los trabajadores en sus centros de trabajo, se redujeron los accidentes laborales. Los gobiernos se empezaron a preocupar por sus ciudadanos, aunque fueran pobres. Se abrieron nuevas escuelas y la educación llegó cada vez a más niños, de todas las clases sociales, ampliando su porvenir.

La democracia liberal trajo prosperidad económica y esa promesa la hizo triunfar también tras la caída del telón de acero. Los países del este de Europa empezaron a luchar por traer la democracia liberal a sus territorios, no porque quisieran democratizar el poder, sino porque soñaban con tener lo que tenían los ciudadanos de la Europa occidental.

La crisis de la democracia liberal

Pero todo eso se vino abajo con el final de siglo. El crecimiento exponencial que se vivió tras la Gran Guerra se frenó en los 70, con las crisis del petróleo. La brecha salarial entre los cargos directivos y los trabajadores no cualificados se empezó a abrir lenta pero incesantemente, como una enorme grieta capaz de devorar la paz social.

La prosperidad dejó de ser universal y se centralizó en las ciudades, obligando a escapar del mundo rural a millones de personas. Los hijos empezaron a vivir peor que sus padres. Las minorías vieron frenada su integración en la sociedad y empezaron a ser señalados como causa del problema por las clases más bajas.

Sobre todo porque empezó a surgir un grupo de políticos fascistas, que se aprovecharon de la sensación que tenía buena parte de la sociedad de no ser escuchados por los dirigentes. Una sensación basada en hechos reales, porque los mandatarios empezaron a gobernar para los ciudadanos más ricos y se fueron olvidando progresivamente de los más necesitados.

El resultado es que los habitantes de las democracias liberales se empezaron a sentir engañados. Aquel sistema político inspirado en la igualdad y el libre comercio les estaba dejando de lado, incumplía sus promesas. El descontento se extendió como una enfermedad incurable. Y la democracia liberal saltó por los aires.

Una puerta al optimismo

A la hora de analizar qué ha ocurrido, es de agradecer contar con expertos como Daron Acemoglu, premio Nobel de Economía en 2024. Su visión va más allá del análisis histórico. A partir de la comprensión de los mercados y las tensiones sociales, este economista nacido en Estambul y catedrático del MIT, no solo analiza el declive, sino que propone las bases para resucitar un sistema que, a su juicio, no está agotado.

Para Acemoglu, la caída de la confianza ha sido generalizada. Ahora la gente no solo no cree en la democracia, sino que no se fía de las instituciones públicas y, por si fuera poco, tampoco en los medios de comunicación. La crisis del periodismo, donde proliferan noticias falsas y partidistas en medios creados por grupos de poder para tratar de controlar el relato, ha agravado la situación y se ha disparado la polarización en la sociedad.

Pero en ¿Qué pasó con la democracia liberal?, el autor destaca las virtudes del liberalismo, que promueven la experimentación y el conocimiento colectivo, da voz a sus ciudadanos y les proporciona seguridad, y explica cómo esos objetivos se han ido perdiendo de vista en la era postindustrial, con el auge de la tecnología de la información.

Cargado de optimismo y esperanza, Daron Acemoglu propone reconstruir el modelo para que la gente vuelva a confiar en la democracia.

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