¿HAY ALGUIEN DISPUESTO A PRESCINDIR DE ELLOS?
Como ocurre con muchas cosas, primero son caprichos de ricos, pero luego, se convierten en un estandar para todos. Y hoy día pocos estarían dispuestos a prescindir de este equipamiento.
Seamos sinceros. Muchas veces hemos pensado que algunas cosas “de ricos” son puro capricho. Un capricho que más de uno estaría dispuesto a probar, todo sea dicho, ¿verdad? Lo más interesante de todo, es que, finalmente, esos caprichos acaban por ser el estándar de la industria. Fijaos en los teléfonos móviles, ahora son ordenadores portátiles y cámaras de fotos, y hace unos años muchos pensaron que hacer fotos con el teléfono era una estupidez. ¿Y los ordenadores portátiles? ¿Quién querría llevarse el ordenador de un lado a otro? Y así podríamos pasar, por ejemplo, a los CD o la música “digital”. Primero, un disco de tamaño compacto prometía un futuro arrollador, pero al final fue arrollado por una cosa que llamaron “memoria flash”.
Evolución que, primero, resulta carísima y se convierte en un capricho “de ricos”, y luego acaba por llegar a ser de lo más normal del mundo y lo usamos todos los días. Algo que también ocurre en el automóvil. ¿Sabías que cuando se presentó el cinturón de seguridad de tres puntos, lo tildaron de estupidez y de elemento incómodo y sin sentido? Luego se equipó en coches de alta gama como opción y ahora, es obligatorio por ley usarlo en todas las plazas.
Un ejemplo que nos permite adentrarnos en una pequeña lista de cosas que comenzaron siendo caprichos de ricos, pero que todos usamos a día de hoy cada vez que nos subimos al coche, aunque hay cosas que, todo sea dicho, no querríamos usar jamás.
El airbag, cuya traducción, literal, es bolsa de aire, se presentó como un innovador sistema de seguridad. En caso de impacto, la bolsa se hincharía y serviría de sujeción y protección para el ocupante del vehículo, y hablamos en singular porque, en los primeros compases, solo se ofrecía para conductor. Llegó a los coches de serie con el Mercedes Clase S W126, lanzado al mercado en la década de los 80 y no fueron pocos los que tildaron la idea de estúpida y de capricho de ricos.
La cuestión es que era un opcional, y además, muy caro. La gente lo veía como un exceso de ingeniería innecesario o una moda pasajera de los más pudientes, básicamente, porque había que pagar una enorme cantidad de dinero por algo que, en realidad, solo se usaba cuando el coche se estrellaba y para colmo, solo una vez.
Por suerte, la percepción cambió y hoy los coches tienen hasta 10 bolsas de aire repartidas por el habitáculo, las hay incluso debajo de la columna de la dirección y entre los asientos delanteros.
Otro de esos sistemas que se vieron como una estupidez fue el aire acondicionado. Cadillac y Packard, dos marcas norteamericanas de alta gama, desarrollaron un gadget que enfriaba el aire en verano. Se comenzó a ofrecer en el Packard Twelve en 1939, pero siempre como un extra.
Al igual que ocurrió con el airbag, el sistema era carísimo, pero en este caso, también era gigantesco; ocupaba todo el maletero y, por lo general, se consideró una pompa excesiva e innecesaria para gente que no quería sudar en verano; un capricho de ricos.
La evolución, como siempre, permitió que el sistema fuera cada vez más pequeño, cada vez más barato y, por supuesto, cada vez más potente. Pronto se volvió un extra presente en todos los coches de lujo y con el paso del tiempo, en un estándar de cualquier coche. De hecho, la evolución ha llevado a tener sistemas de aire acondicionado en lo que poder regular la temperatura deseada, eso que llamamos climatizador.
Cualquier coche del mundo equipa calefacción, un sistema que permite calentar el aire e introducirlo en el habitáculo. Pero antes no era así, y mucho menos, el tener asientos o volante calefactados. La calefacción general del habitáculo se vio con buenos ojos, pero cuando se comenzó a ofrecer asientos con calefacción o incluso el volante, la gente lo vio como un capricho de ricos. ¿Acaso no era suficiente con tener aire caliente en el habitáculo? ¿Tan comodones eran?
Según se decía, era el súmmum de la pereza y el derroche, era visto como algo innecesario y sin sentido, ¿qué sería lo próximo? ¿Asientos con masaje? –y sí, fue lo siguiente–. La calefacción en los asientos no mejoraba la conducción, ni tampoco la hacía más segura, solo hacía más agradable y cómodo estar en el coche.
Hoy día, la calefacción en los asientos en un equipamiento bastante común en las versiones más caras – incluso de algunas intermedias–, normalmente acompañado por el volante calefactado, un sistema que si no has probado, deberías probar.