COMBUSTIBLES ALTERNATIVOS Y NEUTRALIDAD TECNOLÓGICA
Alemania y Francia ganan apoyos en la UE para flexibilizar el veto a los coches de combustión en 2035 y
Friedrich Merz asegura que la propuesta pactada con Francia cuenta con un respaldo amplio y confía en que la UE pueda aprobarla pronto.
Friedrich Merz asegura que la propuesta pactada con Francia cuenta con un respaldo amplio, incluida Italia, y confía en que la UE pueda aprobarla pronto.
El acuerdo mantiene el objetivo de reducir un 90% las emisiones de los coches nuevos desde 2035, pero elimina la obligación de compensar el 10% restante, lo que abre la puerta a una mayor continuidad de los motores de combustión.
La batalla por el futuro del automóvil europeo está lejos de terminar, pero Alemania y Francia creen haber dado un paso decisivo.
El canciller alemán, Friedrich Merz, ha asegurado que la propuesta conjunta para flexibilizar las exigencias climáticas a partir de 2035 está encontrando una acogida favorable entre los Estados miembros de la Unión Europea.
Y no se trata de un movimiento menor: Berlín y París son dos de los principales pilares de la industria automovilística del continente.
Tras el Consejo Europeo celebrado en Bruselas, Merz se ha mostrado convencido de que las instituciones comunitarias podrán avanzar con relativa rapidez en la modificación de las normas.
Según ha explicado, Italia también estaría ampliamente de acuerdo con el planteamiento, aunque todavía queda por delante la negociación legislativa con el Consejo y el Parlamento Europeo.
El canciller alemán ha resumido su interpretación del acuerdo con una declaración contundente: «La prohibición de los motores de combustión ya es historia».
Una afirmación que refleja la voluntad de Alemania y Francia de cambiar el rumbo de la política europea del automóvil, aunque el pacto todavía no equivale a una aprobación definitiva de las nuevas reglas.
Qué cambia para la combustión a partir de 2035
La clave está en el objetivo de reducción de emisiones. El acuerdo francoalemán plantea mantener una rebaja del 90% de las emisiones de CO₂ de los vehículos nuevos a partir de 2035, pero eliminar la obligación de compensar el 10% restante.
El planteamiento comunitario presentado en diciembre ya contemplaba cierta flexibilidad para seguir comercializando determinados vehículos con motor de combustión después de 2035, pero exigía neutralizar por completo las emisiones residuales. Alemania y Francia quieren ir más lejos y reducir esa exigencia.
Esto no significa que cualquier coche de gasolina o diésel vaya a poder venderse sin restricciones a partir de esa fecha.
La propuesta sigue vinculada a objetivos de reducción de emisiones y tendrá que concretarse en la normativa europea. Sin embargo, sí abre la puerta a que los fabricantes dispongan de más margen para mantener tecnologías distintas del coche eléctrico de batería.
Combustibles alternativos y neutralidad tecnológica
Merz defiende que la transición del automóvil no debe depender exclusivamente de una tecnología.
Su apuesta por la llamada neutralidad tecnológica pasa por permitir que distintas soluciones contribuyan a reducir las emisiones, en lugar de concentrar el esfuerzo únicamente en la electrificación.
En ese escenario, el acuerdo contempla el papel de los combustibles alternativos y los biocombustibles, que Alemania y Francia consideran herramientas para facilitar la transformación de la industria sin renunciar a los objetivos climáticos.
La cuestión de fondo es cómo compatibilizar la reducción de CO₂ con la competitividad de los fabricantes europeos.
Las marcas afrontan inversiones millonarias para electrificar sus gamas, mientras soportan la presión de los competidores internacionales y la incertidumbre sobre la velocidad a la que crecerá la demanda de coches eléctricos.
Más ayudas para los coches fabricados en Europa
El pacto entre Berlín y París no se limita a los motores. También incluye medidas para reforzar la industria automovilística europea, entre ellas reservar determinadas ayudas públicas a vehículos fabricados en el continente y ampliar los incentivos destinados a los coches eléctricos producidos en Europa.
Además, ambos países reclaman más flexibilidad para que los fabricantes puedan cumplir los objetivos de emisiones previstos para 2030.
Se trata de aliviar parte de la presión regulatoria sobre un sector que considera decisivo disponer de tiempo y margen para adaptar sus fábricas, sus tecnologías y su oferta comercial.
La propuesta se encuentra ahora en manos de las instituciones comunitarias. La presidencia irlandesa aspira a cerrar una posición común de los Estados miembros antes de que termine el año, aunque todavía será necesario avanzar en las negociaciones con el Parlamento Europeo.
Alemania y Francia quieren evitar que 2035 se convierta en una fecha de salida obligatoria para los motores de combustión; ahora tendrán que convencer al conjunto de la UE de que esa mayor flexibilidad puede convivir con los compromisos climáticos europeos.