RIESGOS DEL CALOR

Choque térmico por agua fría: qué le pasa a tu cuerpo al meterte de golpe al agua

En pleno verano, lanzarse al agua fría es el plan más apetecible para combatir el calor. Pero ese gesto tan común puede ser más peligroso de lo que parece.

Llega el verano y, con él, la primera ola de calor de la estación que invita a buscar cualquier forma de refrescarse. Y pocas resultan tan apetecibles como lanzarse al agua fría. Pero ese gesto tan común puede ser más peligroso de lo que parece.

El motivo tiene nombre: choque térmico por agua fría. Se trata de la reacción natural del cuerpo al sumergirse de forma repentina en agua a baja temperatura, una respuesta instantánea que, en el peor de los casos, puede provocar un ahogamiento. Y afecta a cualquiera que entre de golpe al agua, tanto si cae por accidente como si salta a propósito, y sin importar lo bien que sepa nadar.

¿Qué le ocurre al cuerpo?

Al entrar en contacto con el agua fría de manera brusca, el organismo reacciona con jadeos, sensación de pánico y una pérdida momentánea de la capacidad de nadar, una combinación que puede acabar en ahogamiento. A eso se suma una subida repentina de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial que, en algunos casos, puede derivar en un infarto, incluso en personas jóvenes, sanas y en buena forma física.

Una de las claves del riesgo está en una falsa sensación de seguridad. Que el ambiente esté caluroso no significa que el agua lo esté: muchos ríos, embalses y zonas de baño tardan semanas en templarse y se mantienen a temperaturas bajas incluso en verano.

Por eso, lo que parece un alivio inofensivo frente al calor puede pillar al cuerpo completamente desprevenido.

Cómo evitar el choque térmico

La recomendación principal de algunos expertos en seguridad acuática, como la Royal National Lifeboat Institution (RNLI), es clave: en lugar de luchar, hay que flotar. Estos son los pasos para hacerlo:

  • Inclina la cabeza hacia atrás, con las orejas sumergidas.
  • Intenta relajarte y respirar con normalidad.
  • Mueve suavemente las manos y las piernas para mantenerte a flote si lo necesitas.
  • Extiende los brazos y las piernas para ganar estabilidad.
  • No te preocupes si las piernas se hunden: cada persona flota de forma diferente.
  • Cuando controles la respiración, pide ayuda o nada hacia un lugar seguro.

Como medida de prevención, también ayuda entrar al agua poco a poco en lugar de zambullirse de golpe, y practicar flotar en un entorno controlado, como una piscina, para saber cómo responde tu cuerpo.