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En un principio, los médicos sospecharon de malaria, salmonelosis o fiebre tifoidea.
Un fallo de laboratorio retrasó durante semanas la detección del brote de ébola más rápido de los últimos años en el noreste de la República Democrática del Congo. Cuando los primeros pacientes comenzaron a llegar a centros médicos de la provincia de Ituri con fiebre, vómitos, diarrea y hemorragias, los médicos sospecharon de malaria, salmonelosis o fiebre tifoidea. El virus ya circulaba, pero el sistema sanitario aún no sabía que estaba delante de un brote de ébola.
El problema es que el laboratorio provincial de Ituri solo disponía de reactivos para detectar la cepa Zaire del virus, la variante más habitual en grandes epidemias recientes. Sin embargo, el brote estaba provocado por la cepa Bundibugyo, mucho menos frecuente y para la que no existían herramientas para diagnosticarla. Durante cerca de un mes, las pruebas dieron resultados inconcluyentes y las autoridades sanitarias no pudieron confirmar qué estaba ocurriendo.
La identificación definitiva llegó solo después de enviar muestras biológicas a Kinshasa, la capital congoleña, donde laboratorios especializados lograron confirmar el origen del brote mediante secuenciación genética. Para entonces, el virus ya se había expandido en varias comunidades de Ituri.
Según las últimas cifras, el brote acumula alrededor de 35 casos confirmados por laboratorio (la mayoría en la República Democrática del Congo y dos en Uganda), pero el número de casos sospechosos supera los 500, con unas 130 muertes potencialmente vinculadas mientras continúan las verificaciones epidemiológicas.
El brote ya ha cruzado fronteras. Uganda confirmó dos contagios en Kampala y un estadounidense infectado fue evacuado a Alemania para recibir tratamiento. Lo que comenzó en la localidad minera de Mongwalu preocupa ahora por su potencial de expansión hacia zonas urbanas densamente pobladas, donde el rastreo de contactos resulta mucho más complejo.
A diferencia de otras epidemias recientes, no existe una vacuna aprobada para la cepa Bundibugyo. La OMS ha está intentando contener un brote cuya velocidad de expansión ha disparado la alarma internacional.