¿CUÁNTA AGUA LE QUEDA AL PLANETA?

Los satélites revelan dónde estamos vaciando las reservas de agua de la Tierra

Un nuevo mapa de las reservas terrestres de agua identifica 40 grandes regiones afectadas por la actividad humana: Asia concentra más del 60% de las pérdidas detectadas, pese a almacenar alrededor del 35% del agua dulce líquida de los continentes.

Años en que el almacenamiento de agua alcanzó un mínimo en 22 años en cada ubicación NASA

El agua dulce de la Tierra no permanece quieta. Se infiltra bajo nuestros pies, llena lagos y ríos, queda retenida en embalses, alimenta los cultivos y circula entre el suelo, la vegetación y la atmósfera... para volver a empezar el ciclo. Ahora, una nueva mirada desde el espacio permite ver con mucho más detalle cómo está cambiando ese enorme depósito terrestre y, sobre todo, dónde la actividad humana está dejando una huella más profunda.

El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), utiliza datos de los satélites GRACE y GRACE-FO obtenidos entre abril de 2002 y noviembre de 2025. Los autores, liderados por Mary Michael O'Neill, han desarrollado un método para analizar la señal gravitatoria que permite distinguir cambios en el almacenamiento de agua a una escala entre cinco y diez veces más precisa que los métodos tradicionales. El resultado es un mapa que identifica 94 regiones con cambios significativos y, entre ellas, 40 grandes "hotspots" o puntos críticos cuyos patrones pueden relacionarse directamente con actividades humanas como la agricultura, el bombeo de aguas subterráneas, la deforestación o la construcción de embalses.

En conjunto, esas 40 regiones han perdido unos 3.122 gigatoneladas de agua durante el periodo estudiado, mientras que otras zonas han ganado alrededor de 2.432. Una gigatonelada equivale aproximadamente a un kilómetro cúbico de agua o unas 400.000 piscinas olímpicas. Pero la distribución de esas pérdidas es mucho más desigual de lo que podría sugerir el mapa.

Según las estimaciones de Naciones Unidas, de los aproximadamente 10,65 millones de km³ de agua dulce líquida almacenada en los continentes, Asia concentra alrededor del 34,7%, África el 25,6%, Norteamérica el 19,4% y Sudamérica el 12,2%. Europa representa cerca del 5,1% y Australia y Oceanía, alrededor del 3%.

Al comparar estas cifras con los 40 puntos críticos, aparece una diferencia llamativa. Asia reúne 19 de ellos y concentra aproximadamente el 62% de todas las pérdidas registradas, casi el doble de lo que correspondería a su participación en las reservas continentales. Allí se encuentran algunos de los mayores agujeros detectados por los satélites: el norte de India pierde 32,4 gigatoneladas al año; el norte de China, 7,9; Arabia Saudí central, 12,7, y las tres regiones iraníes incluidas en el estudio suman otros 15. En el norte de India, además, las pérdidas se producen pese a que las precipitaciones fueron ligeramente superiores a la media. El bombeo de agua subterránea fue incapaz de ser compensado por la lluvia.

Sudamérica ofrece otro contraste. Almacena aproximadamente el 12,2% del agua dulce líquida de los continentes, pero representa cerca del 20% de la pérdida de los sitios analizados. Buena parte procede de los Altiplanos brasileños, donde el almacenamiento terrestre disminuye a un ritmo de 24,3 gigatoneladas anuales. El equipo de O'Neill relaciona el descenso con una combinación de precipitaciones bajas, episodios de El Niño y agricultura alimentada por aguas subterráneas.

Norteamérica, por su parte, concentra aproximadamente el 19,4% del agua dulce líquida y alrededor del 14% de las pérdidas. Sus cuatro regiones críticas se encuentran en Estados Unidos y México: el suroeste estadounidense pierde 6,8 gigatoneladas al año, las High Plains 5,9, Chihuahua 3,8 y la región de Ciudad de México 1,8. En todas ellas el estrés hídrico está relacionado, en distinta medida, con sequías, agricultura y dependencia de las aguas subterráneas.

África proporciona quizá el contraste más sorprendente. Tiene aproximadamente una cuarta parte del agua dulce líquida, pero sus hotspots representan solo alrededor del 4% de las pérdidas y concentran cerca de tres cuartas partes de las ganancias detectadas entre las 40 regiones. Esto no significa que el continente esté aumentando sus reservas de manera generalizada. En muchos casos, las ganancias corresponden a agua almacenada por embalses, cambios en el uso del suelo o variaciones de las precipitaciones. En el lago Nasser, por ejemplo, los satélites detectaron un aumento de 2,3 gigatoneladas anuales asociado al incremento del volumen almacenado y a una ligera tendencia positiva de las precipitaciones.

La ausencia de Europa de los 40 puntos críticos no significa que el continente no esté modificando sus reservas. El análisis encuentra relaciones significativas entre actividades humanas y tendencias del almacenamiento terrestre en todas las regiones continentales no polares salvo Australia. Los 40 hotspots son los ejemplos más claros de influencia humana directa, no un inventario de todos los lugares afectados.

Uno de los casos más dramáticos está en Argentina. El lago Mar Chiquita pierde alrededor de 1,6 gigatoneladas de agua al año. Su almacenamiento actual ronda los 14,5 gigatoneladas y los autores advierten de que, si la tendencia continúa, podría transformarse en una salina durante las próximas décadas.

Los satélites no están prediciendo cómo será el mapa del agua en 2050 o 2100. Están mostrando dónde ha estado cambiando el almacenamiento durante las últimas dos décadas y media. Y la señal revela que las estimaciones anteriores habían subestimado en torno a un 45% las pérdidas asociadas al bombeo de aguas subterráneas.

El agua que desaparece de un acuífero no se esfuma de la Tierra: cambia de lugar, termina en otro depósito o regresa al ciclo hidrológico. Pero para una comunidad, un cultivo o un ecosistema, la diferencia entre tenerla bajo los pies y perderla hacia otra parte puede ser la diferencia entre disponer de agua y no disponer de ella. Eso es precisamente lo que este nuevo mapa permite ver desde el espacio: no solo cuánta agua tiene la Tierra, sino dónde estamos cambiando su lugar de almacenamiento y a qué velocidad.