DESTINO DE MODA

Marsella muere de éxito: la ciudad francesa que ya atrae más búsquedas que París y Niza

La ciudad portuaria se ha convertido en el destino francés más buscado para viajar en julio y espera recibir cerca de siete millones de visitantes este año.

Durante décadas, Marsella cargó con la fama de ser una ciudad portuaria complicada, caótica y poco atractiva para los turistas. Muchos viajeros se limitaban a atravesar su estación de Saint-Charles antes de continuar hacia la Provenza o las playas de la Costa Azul. Sin embargo, aquella imagen parece haber quedado definitivamente atrás.

La segunda ciudad más grande de Francia se ha convertido en uno de los destinos de moda del Mediterráneo. Según los datos de Booking.com recogidos por The Guardian, Marsella fue la ciudad francesa más buscada por los usuarios del país para viajar durante el pasado julio, por delante de Niza y París. Para agosto, la capital francesa recuperó la primera posición, aunque Marsella se mantuvo segunda.

Las previsiones apuntan a que la ciudad recibirá cerca de siete millones de visitantes a lo largo de 2026. El turismo ya genera alrededor de 1.400 millones de euros anuales y sostiene más de 20.000 empleos, pero este crecimiento acelerado también está empezando a pasar factura.

De ciudad ignorada a escenario de Instagram

Buena parte de su éxito se explica por la transformación de antiguos barrios portuarios, la llegada de nuevos hoteles y restaurantes y la imagen que se ha popularizado en las redes sociales. El Puerto Viejo, el barrio de Le Panier, las pequeñas embarcaciones de Vallon des Auffes y las aguas turquesas de las Calanques se han convertido en algunos de sus rincones más fotografiados.

El problema es que muchos de estos lugares no están preparados para recibir semejante cantidad de viajeros. Les Goudes, una antigua aldea de pescadores situada a las puertas de las Calanques, se llena tanto durante el verano que los atascos y la falta de aparcamiento forman ya parte del paisaje. Sus vecinos llegaron a manifestarse el pasado mes de junio para denunciar el ruido, la basura y la dificultad para moverse por su propio barrio.

La situación es similar en Vallon des Auffes, un diminuto puerto tradicional donde los residentes se oponen a la apertura de un sexto restaurante. Aseguran que este rincón está perdiendo su carácter local para transformarse en otro escenario pensado principalmente para los visitantes.

El miedo a convertirse en otra Barcelona

Marsella | Imagen de Ximonic, Simo Räsänen, licencia: CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

La presión turística también se nota en el precio de la vivienda y en la proliferación de alojamientos vacacionales. Marsella ha creado una brigada específica para localizar pisos turísticos ilegales y ha endurecido los requisitos para transformar viviendas en alojamientos de corta duración.

En el Parque Nacional de las Calanques también se han introducido límites de acceso. La popular cala de Sugiton solo admite 400 personas al día durante las fechas de mayor afluencia y es necesario conseguir previamente una reserva gratuita. Antes de aplicarse esta medida, podía llegar a recibir hasta 2.500 visitantes en una sola jornada.

Marsella disfruta ahora de los beneficios de haberse convertido en uno de los grandes destinos del Mediterráneo, pero también comienza a sufrir sus consecuencias. Entre sus vecinos se repite cada vez más el mismo temor: que la ciudad termine siguiendo los pasos de Barcelona, Lisboa o Venecia y pierda aquello que, precisamente, la hizo atractiva para los viajeros.