AUSTRALIA
Karlu Karlu, el santuario de piedra donde las rocas parecen flotar en pleno desierto australiano
Entre las postales más curiosas del outback australiano están estas rocas esféricas que parecen ignorar la gravedad, y que además esconden un profundo significado espiritual.
A unos 105 kilómetros al sur de Tennant Creek, en el Territorio del Norte, se extiende uno de los paisajes más singulares de Australia: cientos de bloques de granito perfectamente redondeados, algunos del tamaño de un coche, que se apoyan unos sobre otros como si en cualquier momento fueran a rodar. El lugar se llama Karlu Karlu, que en lengua warumungu significa "rocas redondas", aunque es más conocido internacionalmente como Devils Marbles.
La zona protegida ocupa más de 1.800 hectáreas y reúne cientos de estas formaciones.
Un proceso de 1.500 millones de años
El origen de las rocas se remonta a hace unos 1.500 millones de años, cuando el granito se enfrió bajo tierra y se agrietó en grandes bloques con forma cúbica. Con el paso del tiempo, la erosión fue exponiendo esos bloques a la superficie.
Las extremas temperaturas del desierto, que oscilan bruscamente entre el día y la noche, se encargaron del resto: las esquinas y los bordes, más expuestos al desgaste, se fueron redondeando hasta dar forma a las esferas que hoy pueden verse. Este proceso se conoce como meteorización esferoidal. La misma dilatación y contracción térmica ha hecho que algunas rocas terminen partiéndose limpiamente por la mitad.
Un lugar sagrado para los pueblos aborígenes
El valor de Karlu Karlu va mucho más allá de lo geológico. Para los pueblos aborígenes de la región (entre ellos los warumungu, alyawarre, kaytetye y warlpiri) este es uno de los sitios sagrados más antiguos del mundo, ligado a numerosas historias del Tiempo del Sueño.
Según una de las creencias más extendidas, las rocas serían huevos de la Serpiente Arcoíris, una figura central en la cosmovisión de varias culturas aborígenes australianas. En 2008, tras años de reivindicación, la propiedad de estas tierras fue devuelta oficialmente a sus dueños tradicionales, que hoy gestionan el área junto a los parques nacionales del Territorio del Norte.
Visitar Karlu Karlu es, así, una experiencia doble: la de contemplar un fenómeno geológico que ha tardado más de mil millones de años en formarse, y la de acercarse a un lugar que sigue siendo profundamente sagrado para quienes lo consideran su hogar ancestral.