CUENCA

Así es el Puente de San Pablo de Cuenca, el histórico paso sobre el Huécar que sorprende a todos

Viajamos hasta Cuenca para conocer todos los detalles sobre el impresionante Puente de San Pablo.

Puente de San Pablo. Cuenca Imagen de IdivaF, licencia: CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Es el momento más que perfecto para poner rumbo a una de las ciudades más sorprendentes y con más encanto de Castilla-La Mancha. Nos referimos, como no podía ser de otra forma, a Cuenca. Allí podemos encontrarnos con un gran número de construcciones, monumentos y rincones verdaderamente espectaculares. Un claro ejemplo es el Puente de San Pablo. Se trata de un puente viga que cruza el río Huécar.

Puente de San Pablo de Cuenca, a través de su historia y sus características

Para comenzar, debemos tener en cuenta que el antiguo puente fue construido entre 1534 y 1589 por iniciativa del canónigo Juan del Pozo, y todo para salvar la hoz del Huécar, pudiendo comunicar el convento de San Pablo y el casco urbano. Además, hay que destacar que contaba con nada más y nada menos que cinco arcos.

El puente, construido en piedra, fue durante siglos el principal símbolo de la ciudad. Se derrumbó en 1895. Después de la desaparición de esta construcción, las Casas Colgadas cobraron muchísimo más protagonismo en el paisaje urbano de la ciudad. A comienzos del siglo XX, se decidió construir un nuevo puente como reemplazo.

Respecto a este nuevo monumento, que es el que conocemos en la actualidad, se erigió en 1902 utilizando como materiales el hierro y la madera. Este proyecto fue realizado por el reconocido ingeniero de caminos valenciano José María Fuster y Tomás, y construido por George H. Bartle, cuya fundición – que era también valenciana – contaba con un gran renombre por aquella época. Finalmente, quedó inaugurado el 19 de abril de 1903.

Puente de San Pablo. Cuenca | Imagen de diego_cue, licencia: CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Por si fuera poco, si nos centramos en sus características, tenemos que destacar que se trata de un puente rectilíneo, de poco más de 100 metros de longitud en dos vanos, y casi 40 metros de altura máxima. Todo ello apoyado en los pilares de arranque de sillería del puente anterior. En el centro, se ubica un puntal de hierro.

Lejos de que todo quede ahí, hay que tener en cuenta que el Puente de San Pablo, con el paso del tiempo, se ha convertido en parte indiscutible del patrimonio de Cuenca. Y siendo honestos, no es para menos. Entre otras tantas cuestiones, porque se trata de uno de los mejores lugares desde los cuales observar las espectaculares Casas Colgadas de la ciudad conquense.

Lo que es un hecho es que, poco a poco y con el paso de las décadas, este Puente se ha ganado a pulso ser uno de los grandes atractivos de la ciudad de Castilla-La Mancha. De hecho, cada vez son más las personas que no dudan en poner rumbo a este lugar no solamente para dejarse llevar por grandes monumentos y construcciones como son las Casas Colgadas o la Torre de Mangana, sino también por el Puente de San Pablo. Estamos completamente convencidos de que no te dejará indiferente, ni mucho menos.