UNA UCI PORTÁTIL COMPLETAMENTE SELLADA

Qué son las burbujas de aislamiento: así funcionan los aviones que están trasladando a pacientes con hantavirus

El paciente viaja dentro de una estructura transparente flexible conectada a sistemas de ventilación y filtrado de aire que impiden que posibles partículas infecciosas salgan al exterior.

Uno de los aviones medicalizados encargados de evacuar a varios pacientes sospechosos de hantavirus rumbo a Países Bajos tuvo que detenerse de emergencia en Gran Canaria después de que se registrara un problema técnico relacionado con una de las burbujas de aislamiento utilizadas durante el traslado.

El problema se produjo en uno de los sistemas de aislamiento que transportaban a los pacientes infectados. Hay quienes apuntan a un fallo eléctrico en los equipos de soporte de la cápsula, mientras que también podría tratarse de una incidencia en la propia estructura sellada de la burbuja. Aunque no se ha detallado exactamente qué componente falló, sí se activaron inmediatamente los protocolos de seguridad para evitar cualquier riesgo durante el vuelo.

El incidente obligó a mantener la aeronave varias horas en tierra mientras se evaluaba la situación y se coordinaba un nuevo traslado seguro. Los pacientes permanecieron aislados en todo momento dentro del avión y no llegaron a desembarcar.

Avión medicalizado con pacientes con hantavirus | Reuters

¿Cómo funcionan realmente este tipo de vuelos medicalizados?

Estos aviones están diseñados para transportar pacientes infecciosos o en estado crítico bajo condiciones de máxima seguridad. En situaciones de brotes altamente vigilados, como el actual caso del MV Hondius, se utilizan sistemas especiales de aislamiento conocidos popularmente como burbujas.

Estas cápsulas médicas herméticas funcionan como una especie de UCI portátil completamente sellada. El paciente viaja dentro de una estructura transparente flexible conectada a sistemas de ventilación y filtrado de aire que impiden que posibles partículas infecciosas salgan al exterior. El objetivo es evitar cualquier riesgo de transmisión durante el traslado.

Si uno de estos sistemas falla o pierde estanqueidad, el protocolo obliga a detener el traslado y revisar inmediatamente la seguridad biológica del entorno. No significa necesariamente que haya habido una fuga del virus, pero sí que deja de garantizarse el aislamiento total del paciente.

Además, el personal sanitario que acompaña al enfermo utiliza equipos de protección y sigue protocolos muy estrictos. Todo el proceso está pensado para minimizar el contacto directo y controlar al paciente.

En el caso del hantavirus, su uso responde especialmente a la preocupación generada por la cepa de los Andes, la única variante con capacidad demostrada de transmitirse entre personas en determinadas circunstancias.

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